twitter
rss

Mostrando entradas con la etiqueta Resúmenes de obras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Resúmenes de obras. Mostrar todas las entradas

Este cuento está ambientado en la ciudad de Pisco, puerto ubicado al sur de Lima y lugar de muchos relatos famosos del autor. En este caso se narra las experiencias de un niño durante la quema del muñeco de Judas, costumbre propia de estas regiones peruanas.
Abraham, el narrador, recuerda a su padre empleado de aduana, que por razón de su trabajo, recibe y controla los barcos que llegaban al puerto. Así, en este capítulo II lo dedica a la descripción del cuadro hogareño del niño con profunda veneración: “Mi padre que era empleado en la Aduana tenía un hermoso tipo moreno. Faz tranquila, brillante mirada, bigote prodigo (…) Mi madre era dulcemente triste”;  también nos presenta a la hermana menor.
Una noche, el padre comenta secretamente, un oscuro incidente ocurrido a una vecina con esposo encarcelado por una presunta venganza y delatado por su propia pareja.
La conversación narrada en el capítulo III, se efectúa después de que Abraham despierta sobresaltado al oír nerviosamente que un tal Fernando asesinó a un tal Kerr y que la mujer del asesino, Luisa, se ha visto obligada a delatarlo por temor a la retención de su hijo menor. Posteriormente como represalia, sufriría el rapto de su hijo.
El capítulo IV es sumamente breve, se describe como el niño narrador se va quedando dormido a orillas del mar mientras le parece ver acercarse la silueta de una mujer de blanco.
El niño Abraham despierta en el capítulo V y halla sorprendido en su bolsillo una medalla de plata con la imagen de la Virgen María por lo que al siguiente día regresa al mismo lugar. Al encontrar a la “señora blanca”, se entabla un importante dialogo referente a la fiesta popular del día sábado de gloria, donde la figura de Judas pretende quemarse frente al lodo le pueblo. El niño niega varias veces perdonar al “traidor” a pesar de las reiteradas preguntas de la mujer.
Finalmente, en el capítulo VI, Abraham se enfrenta no solo a la muerte de la “señora blanca” sino también a la cancelación de su candor cuando comprende violentamente su culpa, como resultado de sus respuestas inhumanas y carentes de piedad para perdonar Judas y por el conocimiento del lugar donde debía producirse la muerte. El pequeño narrador se siente profundamente culpable del fallecimiento de la misteriosa mujer.
Valdelomar nos ayuda a concluir a través de dos acontecimientos cargados  de tensión: el naufragio y el cadáver de la “señora blanca” y; el descubrimiento del protagonista como agente de la muerte de una figuro poseedora de características virginales y misteriosas que la niñez del protagonista se ha cancelado, debido al acontecimiento trágico que marco indeleblemente su personalidad.

La casa de la señora Glicina era pequeña y limpia. En la aldea de pescadores ella era la única mujer blanca entre los pobladores indígenas. Alta maciza, flexible, ágil, en plena juventud. Mas la señora Glicina no era feliz: era viuda y estéril.
Un día apareció un barco extraño, llegó a la orilla en el crepúsculo con un gallardo caballero. Aquella noche pernoctó en la casa de la señora. Durmió con ella sin que ella le preguntara nada, porque ambos tenían la conciencia de que eran el uno para el otro, se confundieron con un beso, y al alba, la dorada nave se perdió en la neblina. Aquel amor breve fue como la realización de un mandato del destino. Y la señora Glicina fue desde ese momento la viuda de la aldea.
Pasaron tres años, tres meses, tres semanas y tres días y ella se dirigió hacia donde se oculta el sol. Caminaba la viuda por la orilla de la playa y se encuentra sucesivamente con un pescador de perlas, otro de corales y un niño que pescaba carpas. Ellos le advierten que no se aleje porque pudiera salir el hipocampo desde el fondo del mar. No les hace caso y continúa hacia el sur. Ya se ponía sol, caía la noche. 
Entonces un animal rutilante surgió entre las aguas agitadas y, en las tinieblas. Y empezó a llorar desconsoladamente.
- “¿Por qué eres tan desdichado señor?- interrogó la viuda- Un rey bien puede decirle a sus súbditos que le de todo lo que tienen pero no la felicidad. Si mis siervos supieran que su rey podía tener deseos insatisfechos, perdería todo respeto hacia la majestad real y me creerían igual a ellos. Mi reino caería hecho pedazos. Estos ojos que veis no me durarán sino hasta mañana. Cada luna yo debo proveerme de mi nueva copa de sangre, que es la que me da a mi cuerpo esta constelada brillantez; y si no la consigo volveré sin luz”
Luego, agregó, mirando fijamente a la viuda:-“A propósito, que ojos tan bellos tenéis, señora mía. Os parecen bellos -repuso la señora - por que vos lo necesitáis pero de mí sólo me sirve para llorar…”
- “¿Qué darías, Oh rey de oro, por conseguir estas tres cosas?”
“Daría todo lo que me fuera solicitado. Hasta mi reino. 
-Yo ame a un príncipe que vino del mar hace tres años- dijo la señora- Yo os daría mis ojos, os llenaría la copa de sangre y si vos me dierais el secreto para que nazca el fruto de mi amor tal como yo lo deseo.
-“púes bien - dijo el Hipocampo de oro- Vuestro hijo nacerá. Oídme y obedéceme: Cuando me entreguéis tus pupilas, me des la copa de sangre y la flor de azahar moriréis en seguida, pero vuestro hijo habrá nacido ya. ¿Estás resuelta?”,
-De acuerdo- dijo la señora Glicina y partió en busca de la flor de durazno en azahar.
Avanzada la noche, regresó desfalleciente con su trofeo y se la entregó al hipocampo. De inmediato se arrancó los ojos y este se los puso en sus cuencas ya vacías. Luego se rasgó el pecho y la sangre salió hacia la copa y el rey del mar la bebió, ansioso
-“¡Ahora dame mi hijo! – exclamó la señora.
- Sea. ¡Adiós! Tú lo quieres así. Mañana, después del crepúsculo morirás, pero tu hijo vivirá con la virtud del amor, para siempre”.
-“Gracias, ¡Oh rey del mar! ¿Qué vale lo que te he dado cuando tú me has dado un hijo?”…
Más no lo oyó el hipocampo de oro porque ya había hundido en el mar dejando una estela rutilante entre las ondas frágiles

Evaristo Mazuelos, el farmacéutico de P. y Hebaristo, el sauce fúnebre de la parcela eran dos vidas paralelas, dos ojos de una misma y misteriosa y teórica cabeza, dos brazos de una misma desolada cruz, dos estrellas insignificantes de una misma constelación.

Mazuelos era huérfano y guardaba al igual que el sauce, un vago recuerdo de sus padres. Así como el sauce era árbol que solo servía para cobijar a los campesinos a la hora cálida del medio día, Mazuelos solo servía en la aldea para escuchar las charlas de quienes solían cobijarse en la botica; y así como el sauce daba una sombra indiferente a los gañanes mientras sus raíces rojas jugueteaban en el agua de la acequia, así él oía con desganada abnegación, la charla de los otros, mientras jugaba, el espíritu fijo en una idea lejana, con la cadena de su reloj, o hacía con su dedo índice gancho a la oreja de su botín de elástico, cruzadas, unas sobre otras, las enjutas magras piernas.
Mazuelos estaba enamorado de Blanca Luz, hija del juez de Primera Instancia, una chiquilla de alegre catadura, esmirriada y raquítica.

Si Hebaristo, el melancólico sauce de la parcela en vez de ser plantado en las afueras de P., hubiera sido sembrado como era lógico, en los grandes saucedales, su vida no resultaría tan solitaria y trágica.
Aquel sauce, como el farmacéutico Mazuelos, sentía, desde muchos años atrás. La necesidad de un afecto, el dulce beso de una hembra, la caricia perfumada de una unión indispensable. Envejeció Evaristo, el enamorado boticario, sin tener noticias de su amada Blanca Luz. Envejeció Hebaristo, el sauce de la parcela, viendo secarse, estériles, sus flores en cada primavera. Solía, por instinto, Mazuelos, hacer una excursión crepuscular hasta el remoto sitio donde el sauce, al bordo del arroyo, enflaquecía. Sentábase bajo las ramas estériles del sauce y allí veía caer la noche.
El árbol amigo que quizás comprendía la tragedia de esa vida paralela, dejaba caer sus hojas sobre el cansino y encorvado cuerpo del farmacéutico. Un día el sauce esperó vanamente la llegada de Mazuelos. El farmacéutico no vino. Aquella misma tarde el carpintero de P. … enviado por el dueño de la “Carpintería y confección de Ataúdes de Rueda e Hijos”, llegó con una tremenda hacha y taló el sauce. Por la misma calle venían juntos el sauce y el farmacéutico, ahora si unidos para siempre. El sauce sirvió para el cajón del farmacéutico.

El alcalde municipal del pueblo, tomó la palabra en el cementerio: “aunque no tengo las dotes oratorias que otros, agradezco el honroso encargo que la sociedad de socorros Mutuos a depositado en mí, para dar el último adiós al amigo noble y caballeroso, al empleado cumplidor y al ciudadano integérrimo, que en este ataúd de duro roble”… y concluía: “Mazuelos tú no has muerto. Tu memoria vive entre nosotros. Descansa en paz”.
Al día siguiente el dueño de la funeraria, lleva al señor Urzueta una factura por un ataúd de roble por 18.70 soles. El alcalde reclamó airadamente que el ataúd no era de roble sino de sauce. El señor Rueda le dijo que era cierto; pero que entonces como se vería en su discurso la frase “duro sauce” en vez de “duro roble”. El alcalde pagó sin chistar.

Esta obra teatral es definitivamente la más importante del Costumbrismo y también una de las mejores del siglo XIX. En ella se resume todo el humor y la chispeante gracia propia de la producción literaria de Manuel Ascencio Segura. Ña Catita, el personaje principal –cuyo nombre da título a la comedia- es considerada la figura dramática de mayor relieve y la mejor lograda de todo el teatro peruano. 
Debemos aclarar que no es un personaje original sino que su  origen está en la chismosa trotaconventos del drama español, y, qué duda cabe, en la imagen de La Celestina de Fernando Rojas. Pero la caracterización que le imprime Segura, ese típico sabor criollo en el habla,  en su performance a lo largo del argumento la consagra a Ña Catita como limeña y peruana criolla por excelencia.
Sucede que los esposos don Jesús y doña Rufina tienen una hija ya casamentera: Juliana. La madre, en quien antes ha operado la mediación de Ña Catita una anciana pícara, chismosa e intrigante, pretende ligar el destino de su hija al de don Alejo, hombre mayor, tipo donjuanesco que finge alta prosapia y dorada comodidad, refinamientos y de clase acomodada. Juliana, todo candor y dulzura, sin embargo, corresponde a la amorosa pasión de don Manuel, mozalbete pobre y sin porvenir, y se opone tercamente a los designios de su madre.
Así, no se deja seducir por el futuro prometedor que le augura su madre al lado del otoñal galán, ni se amedrenta ante sus amenazas ni presiones. De igual modo  desoye los melosos consejos de Ña Catita. Pero las cosas salen mal para los jóvenes amantes (Juliana y Manuel): ella está a punto de ser prometida en matrimonio a Don Alejo (Sin importar las protestas de don Jesús y los desconsuelos de Manuel). 
En aquel momento, oportunamente, llega don Juan, un viejo amigo de la familia, quien involuntariamente, desbarata las pretensiones del entusiasmado don Alejo. En efecto, recién llegado del Cuzco, entrega al empavonado novio una carta que le enviara su mujer. Rufina desfallece de espanto y llora su desgracia al descubrirse engañada por el maduro novio. Ña Catita, por perversa y proxeneta, es arrojada de la casa.
Se termina asegurando el casamiento   de Juliana y Manuel, en tanto que don Jesús, por intercesión de don Juan, perdona las bellaquerías de Rufina.
Esta obra fue estrenada en la noche del 24 de enero de 1845, y reestrenada con agregados el 7 de septiembre de 1856, triunfando merced al genio de la actriz Encarnación Coya.

Un mundo para Julius describe, con profunda sutileza, el mundo de la oligarquía limeña, aunque el ambiente, los personajes y las situaciones podrían desarrollarse perfectamente en cualquier ciudad latinoamericana. La obra constituye una crítica mordaz, aunque amortiguada por la ironía, el humor y la ternura presentes en el texto, de esa oligarquía.
En el seno de esta clase social privilegiada, el protagonista de la novela, Julius, un niño de una extrema sensibilidad y, en cierta medida, triste y melancólico ("sabes que tu vida estará llena de esos momentos, de esa amenaza de pena que ya es tristeza"), intentará encontrar su lugar, creciendo a caballo de dos mundos opuestos: el de la extrema indiferencia y frialdad de su familia, y el del afecto y el calor de la servidumbre.
A lo largo del libro vemos cómo Julius vive su infancia entre los cinco y los once años inmerso en un mundo de lujo, de exquisito buen gusto (simbolizado por el club de golf), pero sumamente frágil y poblado de "gente bronceada, de deportistas ricos, donde nadie era feo o desagradable", unos personajes superficiales y vacíos. Su madre, Susan, simplemente "linda", es una peruana de origen inglés educada en Inglaterra, frívola, y superficial, incapaz de sentir ni mantener ninguna relación afectiva auténtica ni con sus hijos ni con nadie de su entorno, pero siempre con un darling a punto en sus perfectos labios.
Juan Lucas, padrastro de Julius y segundo esposo de Susan ("nadie tan feliz como Juan Lucas; bueno, él siempre estaba feliz o a punto de irse al golf o a una de sus haciendas [...] o a un cóctel") es un ser frío que vive volcado en su intensa vida social, y que desprecia profundamente todo aquello que rezume una cierta sensibilidad o ternura, como el mismo Julius, de quien opina que "era un imbécil nato", o la servidumbre: "Nunca veía a la gente que le abría la puerta, era parte de su elegancia".
Sus hermanos mayores Bobby y Santiago, víctimas y reflejo de su entorno, son fríos y materialistas. Bobby es un adolescente caprichoso y emocionalmente inestable, que tiene como héroe y modelo a Santiago, el mayor de los hermanos, un "mártir de la táctica", por quien su madre "a duras penas recordaba que en los Estados Unidos había un rubio igualito a ella, Santiago, que pedía y pedía dólares en cartas que empezaban de amor maternal y terminaban de negocios, de amor a Juan Lucas". En la mirada de Santiago, Julius descubrirá el reflejo del vacío absoluto. Con su hermana Cinthia, un ser frágil y sensible, Julius establece una relación y una complicidad que van más allá de su prematura muerte a causa de una afección pulmonar.
Por otra parte, Julius crecerá rodeado de otro mundo bien distinto: "la sección servidumbre ejerció siempre una extraña fascinación sobre Julius, la fascinación de "no lo toques, amor; por ahí no se va, darling". Julius se refugiará en la servidumbre para obtener el afecto que su familia -su madre-, casi siempre ausente, es incapaz de proporcionarle; unos personajes que gozan con el simple espectáculo de ver comer al pequeño Julius en su comedor infantil, que rebosan amor como bien reconoce la misma Susan: "En todo están cuando se trata de... ¡qué bárbaros para querer!".
Así pues, Julius se sentirá atraído y ligado a estos personajes: Vilma, "la chola hermosa", su niñera adorada, que acabará siendo la víctima del capricho de su hermano Santiago; Nilda, "la Selvática, la cocinera, la del olor a ajos", que fascina a Julius con sus relatos de la selva, y acabará en la calle por sus formas poco al gusto del señor Juan Lucas; Arminda, la lavandera de la familia; los mayordomos Daniel y Celso, este último admirado por Julius por tener la custodia de la caja del Club de Amigos de Huarocondo (un lugar tan mítico para Julius como la Tambopata de las historias de Nilda); y por último Flora, la encargada de los niños en el nuevo palacio, y de apodo "Decidida", por su desparpajo y seguridad en sí misma.
La admiración y la estima que Julius siente hacia ese mundo se plasma en uno de los pasajes más emotivos del libro, cuando el niño, con sus estratagemas, consigue que el ataúd de Arminda, contradiciendo las órdenes de Juan Lucas, salga, con todos los honores, por la puerta principal del palacio, vengando así, a modo de recuerdo hacia su hermana, el entierro de segunda que tuvo el ama de Cinthia.
Pero en alguna situación el niño Julius entrará en contradicción con este ambiente con el cual está emocionalmente tan implicado, pero que por posición social le es ajeno. De ahí el engorro y la turbación que le produce la aparición de la pobre Arminda el día de su cumpleaños con "el regalo de una mujer pobre a un niño millonario", quedando como contagiado de la reacción de sus padres: la mirada indiferente de Juan Lucas, para quien "Arminda no importaba", mientras Susan "interesadísima [...] seguía la apertura del paquete con un delicioso y falso entusiasmo".
El libro nos relata también sus primeros años de escuela, en un colegio de "monjitas americanas y realmente buenas" en el que se refleja la estructura de esta sociedad, vislumbrándose en la relación entre los niños el germen de la injusticia que la rige. Julius, una vez más, se comportará al margen de esta sociedad clasista: ya sea con su vínculo de amistad con el personaje más menospreciado por el resto de sus compañeros por su origen humilde, como por el sentimiento de pena y remordimiento que le provocarán las bromas crueles de sus colegas a los compañeros pobres, o con la venganza sutil e inteligente urdida por Julius contra el matón de la clase.
El humor y la ternura nos acompañan en las innumerables anécdotas que pueblan esta novela, desde las más entrañables (como la decisión de Nilda de pegar las orejas de Julius a su cabeza con cinta adhesiva para intentar corregir su defecto) a las más tristes (como la de su sórdida profesora alemana de piano, nieta del mismísimo Beethoven según Juan Lucas), pasando por las escenas casi esperpénticas, como la descripción de los personajes y el ambiente taurino de la ciudad de Lima. Se trata de una novela en el más puro estilo tragicómico, que invita a la reflexión sobre la injusticia, la frivolidad y la falta de estima desde la aparentemente ingenua mirada de un niño.
Fuente:  http://www.biografiasyvidas.com/obra/mundo_julius.htm


Son tres las historias narradas en esta destacada novela de Vargas Llosa cuya temática es la dictadura, la corrupción, el poder y el machismo latinoamericanos en sus peores formas, más delezanables, repugnantes y deshumanizadoras.

La primera historia es la de Urania Cabaral, una mujer que luego de 38 años regresa a Santo Domingo para ver a su padre Agustín “cerebrito” Cabral, antiguo colaborador de Trujillo. En las primeras páginas, el narrador nos va informando sobre los motivos del regreso de Urania, quien guarda un odio hacia su progenitor, al que encuentra derruido en una vejez castigada por la parálisis. De esa manera, conociendo el pasado de Urania, su infancia y su adolescencia, interrumpida por su exilio a los EE.UU., lugar donde encuentra un nuevo rumbo a su vida.
La segunda historia es la de Trujillo. La narración nos presenta al dictador en su vida pública y en sus costumbres íntimas. El narrador, al mostrarnos estos dos lados, consigue que apreciemos los diversos rasgos como persona (je), muy opuestos a los que podría haberse elaborado sobre la idea típica de un dictador. Lo humaniza, lo desmitifica en sus actos cotidianos, en sus pequeñas miserias y manías.
Si bien el eje temático de esta segunda historia recae en Trujillo, el lector, también se encontrara con una galería de personajes ligados al protagonista que van apareciendo y adquiriendo relevancia en el desarrollo de la novela. A estos personajes los ubicaríamos en dos grupos: El primero estaría conformado por la familia de Trujillo, y el segundo por los servidores políticos, en los que destacan el Coronel Johnny Abbes García, Henrri Chirinos y el ex presidente Joaquín Balaguer. Estos dos grupos se convierten en la puerta de entrada al mundo privado de la tiranía Trujilista, pues permiten al lector conocer, imaginariamente los diferentes conflictos y tensas relaciones desarrolladas por los involucrados en ese régimen.
A Trujillo, como decíamos, lo conoceremos presa de ciertas manías, entre ellas, su obsesión por la limpieza en sus subordinados, entre otros aspectos míticos de su imagen pública, en especial aquellos que le pintan ciertos atributos físicos como lo de nunca sudar en cualquier situación, o su capacidad desmesurada para satisfacer(se) sexualmente a las mujeres de su agrado, sin importar si eran las esposas o hijas de sus servidores, lo que le valió el apelativo de “el chivo”, que en el imaginario dominicano se le asocia con la virilidad.
Conocemos, asimismo esa disposición fría y sin escrúpulos para ordenar la aniquilación de sus enemigos o de quienes no eran de su agrado. Por otro lado, la ferviente devoción por su madre, muestra el lado humano  –lado cruel, retorcido, pero pasible de afectos- de quien aparece ante nuestros ojos como un sujeto vil y monstruoso.
La tercera y última historia, que le da un ritmo ágil y creciente suspenso a la novela, es la conspiración, los planes para matar a Trujillo. Son siete los hombres comprometidos para ejecutar este arriesgado plan de consecuencias incalculables.  Destacan entre estos justicieros
Antonio Imbert y Antonio de la Maza. La historia personal de cada uno es una muestra clara de las injusticias y los abusos sufridos en una sociedad dominada por la dictadura. Finalmente, el dictador fue emboscado, cuando viajaba en su automóvil, y murió por un proyectil de fusil que le arrancó un pedazo del hombro, y del brazo izquierdo.
 Fuente:  http://www.diarioinca.com/2008/07/resumen-de-la-fiesta-del-chivo-de-mario_05.html

Son tres las historias narradas en esta destacada novela de Vargas Llosa cuya temática es la dictadura, la corrupción, el poder y el machismo latinoamericanos en sus peores formas, más delezanables, repugnantes y deshumanizadoras.

La primera historia es la de Urania Cabaral, una mujer que luego de 38 años regresa a Santo Domingo para ver a su padre Agustín “cerebrito” Cabral, antiguo colaborador de Trujillo. En las primeras páginas, el narrador nos va informando sobre los motivos del regreso de Urania, quien guarda un odio hacia su progenitor, al que encuentra derruido en una vejez castigada por la parálisis. De esa manera, conociendo el pasado de Urania, su infancia y su adolescencia, interrumpida por su exilio a los EE.UU., lugar donde encuentra un nuevo rumbo a su vida.
La segunda historia es la de Trujillo. La narración nos presenta al dictador en su vida pública y en sus costumbres íntimas. El narrador, al mostrarnos estos dos lados, consigue que apreciemos los diversos rasgos como persona (je), muy opuestos a los que podría haberse elaborado sobre la idea típica de un dictador. Lo humaniza, lo desmitifica en sus actos cotidianos, en sus pequeñas miserias y manías.
Si bien el eje temático de esta segunda historia recae en Trujillo, el lector, también se encontrara con una galería de personajes ligados al protagonista que van apareciendo y adquiriendo relevancia en el desarrollo de la novela. A estos personajes los ubicaríamos en dos grupos: El primero estaría conformado por la familia de Trujillo, y el segundo por los servidores políticos, en los que destacan el Coronel Johnny Abbes García, Henrri Chirinos y el ex presidente Joaquín Balaguer. Estos dos grupos se convierten en la puerta de entrada al mundo privado de la tiranía Trujilista, pues permiten al lector conocer, imaginariamente los diferentes conflictos y tensas relaciones desarrolladas por los involucrados en ese régimen.
A Trujillo, como decíamos, lo conoceremos presa de ciertas manías, entre ellas, su obsesión por la limpieza en sus subordinados, entre otros aspectos míticos de su imagen pública, en especial aquellos que le pintan ciertos atributos físicos como lo de nunca sudar en cualquier situación, o su capacidad desmesurada para satisfacer(se) sexualmente a las mujeres de su agrado, sin importar si eran las esposas o hijas de sus servidores, lo que le valió el apelativo de “el chivo”, que en el imaginario dominicano se le asocia con la virilidad.
Conocemos, asimismo esa disposición fría y sin escrúpulos para ordenar la aniquilación de sus enemigos o de quienes no eran de su agrado. Por otro lado, la ferviente devoción por su madre, muestra el lado humano  –lado cruel, retorcido, pero pasible de afectos- de quien aparece ante nuestros ojos como un sujeto vil y monstruoso.
La tercera y última historia, que le da un ritmo ágil y creciente suspenso a la novela, es la conspiración, los planes para matar a Trujillo. Son siete los hombres comprometidos para ejecutar este arriesgado plan de consecuencias incalculables.  Destacan entre estos justicieros
Antonio Imbert y Antonio de la Maza. La historia personal de cada uno es una muestra clara de las injusticias y los abusos sufridos en una sociedad dominada por la dictadura. Finalmente, el dictador fue emboscado, cuando viajaba en su automóvil, y murió por un proyectil de fusil que le arrancó un pedazo del hombro, y del brazo izquierdo.
 Fuente:  http://www.diarioinca.com/2008/07/resumen-de-la-fiesta-del-chivo-de-mario_05.html

Antonio Vicente Mendes Maciel,” O Conselheiro”, profeta y santón itinerante, recorre el estado de Bahía predicando la palabra de Dios, reconstruyendo iglesias y profetizando la llegada inminente del Anticristo. Su paso por los miserables poblachos bahianos provoca la adhesión de decenas de seguidores que ven en las palabras del profeta la salvación de sus almas y la posibilidad de vivir en permanente santidad.
Así, arrastrados por el fulgor milenarista de sus ojos y por su lacónico verbo mesiánico, una cohorte de magníficos personajes le siguen, cada uno con una terrible historia detrás, convirtiéndose a la verdad del Buen Jesús predicada por el santón y dando de paso un giro radical a todas sus vidas.
Su apostolado errabundo, con el tiempo, hace que sus seguidores ya sean legión. Miles de ellos, la mayoría miserables entre los miserables, de todos los oficios y vidas dedicados a una nueva verdad santa -y en permanente procesión- contarán pronto con la compañía de los temibles bandidos del “sertâo” : los sanguinarios cangaceiros.
Estos, liderados por los más malvados y salvajes jefes, Pedraò, Pajeú y el demoníaco Joaó Satán, se convierten a las palabras del Consejero. De la conversión de este último bandido renace Joaó Abade, el nuevo lugarteniente del Consejero y de los elegidos que deciden poner rumbo a un lugar estable, a una nueva Jerusalem que ya ha descendido del cielo: la aldeade Canudos, hacienda propiedad del Barón de Cañabrava.
El mensaje apocalíptico del Consejero termina por identificar al Can, al verdadero Anticristo, con lo que no es sino la joven República del Brasil, la cual pretende la permanente separación de la iglesia y del estado; que decreta el matrimonio civil; que obliga a todas las personas a inscribirse en el censo; y que, además, impone el sistema métrico decimal.
Su ruptura, sangrienta, con el Anticristo, es decir con la República, no pasa desapercibida por los dos antagónicos partidos póliticos mayoritarios de Bahía: el Partido Reformista Republicano, de corte jacobino y burgués (controlado por el cínico Epaminondas Goncalves), y el Partido Autonomista Monárquico liderado por el Barón de Cañabrava, noble afectado en sus propiedades por los iluminados de Canudos.
Ambos identifican a los revoltosos del Belo Monte de formas distintas: los republicanos ven en ellos a unas marionetas, manejadas por losmonárquicos, que pretenden le restauración de la Monarquía y sus antiguos usos en el Estado de Bahía a costa de sembrar la inestabilidad política.
Por el contrario, los monárquicos ven en el movimiento de los yagunzos la excusa más propicia para que el gobierno central de Río acabe con cualquier oposición política a la República en el estado, Bahía, más autónomo y monárquico de todos.
A ellos se une una tercera mirada: la de Galileo Gall, frenólogo y revolucionario escocés, veterano de La Comuna de París, libertario empedernido y hombre apasionado y voluntarioso. Gall ve en los escogidos de Canudos a los nuevos hijos de la Revolución, que -aunque anclados en una retórica milenarista y medieval- han conseguido abolir la propiedad privada y el dinero, instaurar el comunismo, tomar las tierras a un señor feudal, establecer el amor libre y derrotar a las tropas nacionales.
Tras el fracaso de dos expediciones militares contra los santos, una compañía masacrada y un batallón diezmado, la joven República decide enviar a la mejor unidad del ejército: el Séptimo Regimiento del Brasil,comandado por el enérgico y radicalmente republicano coronel Moreira César, partidario de la República Dictatorial.
Mientras tanto , los nuevos moradores de la Jerusalem Celeste, los Santos de Canudos, con” O Conselheiro” al frente de su Legión de Elegidos, sabiendo del Fin de los Tiempos y de la Segunda Venida, advertidos de la llegada del Ejército del Anticristo se preparan para la lucha, para la, cruenta y desigual batalla, para la guerra… para La Guerra del Fin del Mundo.
Mediante este desquiciado contexto, Vargas Llosa retrata un mundo impredecible que parece víctima de un malentendido sin remedio, un tiempo confuso en el que las personas inteligentes apenas pueden orientarse. El escritor deja mecer a sus personajes por las extrañas geografías del azar, por la inescrutable ley de la historia de los pueblos y de los individuos. Y el lector, ya sea cuando comprueba que la política es un quehacer de rufianes donde no se puede actuar como caballeros o que las mentiras machacadas día y noche se vuelven verdades, ya sea al internarse por un triángulo amoroso o al participar en una guerra en la que los vencedores no se cubren de gloria, el lector disfruta de una cumbre literaria, de un libro inolvidable. En La guerra del fin del mundo hay lugar para la aventura, para la historia, para el amor y para el dolor.
Fuentes:
http://es.scribd.com/doc/79513571/La-Guerra-Del-Fin-Del-Mundo-Resumen
http://www.hislibris.com/197/  

Resumen extenso:
La guerra del fin del mundo es una de las novelas mayores de Latinoamérica; con ella Mario Vargas Llosa nos sumerge en la vorágine de la creación. Leer esta novela es una experiencia diferente porque requiere de un alto grado de concentración para comprender todas las situaciones que se nos presentan.

La historia se centra en la rebelión de un grupo de seres marginados, reunidos en una ciudad pequeña llamada Canudos (Brasil) que lucharán contra la República, recién instaurada, creyéndola que era el Anticristo.

La novela inicia la historia de Antonio el Consejero, un hombre muy flaco, y misterioso que recorría el Sertón de Bahía, predicando la palabra del Buen Jesús y anunciando la llegada del fin del mundo. Era seguido por un grupo de hombres; en cada pueblo que entraba restauraba iglesias y cementerios. En su caminar se le unieron: Joâo Abade, un cruel cangaceiro que era buscado por la policía. Joâo Grande, un negro errante que había matado a la mujer que lo crió; Antonio, el Beatito, joven con vocación religiosa y un gran amor por el prójimo; Pajeú, cangaceiro con una enorme cicatriz que le dibujaba la cara por completo; Antonio Vilanova, comerciante que había caído tres veces en la ruina económica; el León de Natuba, un ser deforme y pequeño, que caminaba como animal, tenía una hermosa letra y que posteriormente se convirtió en el escriba de Canudos; María Quadrado, mujer que había peregrinado a Monte Santo por haber matado a su pequeño hijo; y otros seres desposeídos.

El Consejero y toda su gente se asentó en Canudos, la tierra prometida, que era llamada Belo Monte; construyendo un gigantesco templo de piedra para el Buen Jesús. Rechazaban el matrimonio civil, la separación de la iglesia del Estado, el censo, el dinero, el sistema métrico decimal. Pasaron así los primeros años y cuando se enteraron las autoridades de esta situación enviaron una comitiva para buscar al dirigente de la rebelión. Los pobladores de Canudos – Se hacían llamar yagunzos, por ser alzados- los corrieron, dándoles una buena paliza.

Esta escaramuza provocó el envío de un centenar de soldados para el exterminio de Canudos. Esta primera expedición estuvo dirigida por el Teniente Pires Ferreira. Acamparon en Uauá y los yagunzos salieron a su encuentro. Los soldados descansaban y cuando vieron a lo lejos una procesión de gentes miserables, no se preocuparon por nada. Todos los yagunzos les caen encima ganando, de esta manera, su primera gran batalla.

Por otro lado, en Salvador o Bahía andaba un hombre rubio, tocando cráneos, era Galileo Gall, revolucionario y frenólogo escocés. A él le llega una orden de expulsión del país, por ser un extranjero indeseable; así que antes de ser expulsado decide solidarizarse con Canudos, lugar en el que veía como prosperaba una sociedad libre. Para esto va al diario “El Jornal de Noticias”, donde conoce a su director y presidente del Partido Republicano Progresista, Epaminondas Gonçalves. El anuncio que desea publicar no puede salir impreso. Tiempo después Gonçalves le propone llevar armas a Canudos, le pagaría bien y lo ayudaría a salir del país. Gall acepta, pero por cuestiones ideológicas.

Galileo Gall busca un pistero llamado Rufino, para que lo lleve a Canudos. Éste acepta, pero se va con la gente del ferrocarril de Jacobina. El revolucionario guarda las armas, que estaban en una carreta, en la casa del pistero. Pero se las roban e intentan matarlo, después de esta situación se abraza fuertemente con Jurema, esposa de Rufino. Ella despierta sus deseos sexuales y la viola. Pasados unos días es visitado por Caifás, hombre de Gonçalves que le confiesa que él había robado las armas e intenta matarlo pues su jefe necesitaba un hombre muerto con sus características físicas para hacerlo pasar como un inglés. Gracias a este muerto y las armas de marca inglesa, armaría una tetra para acusar al Barón Cañabrava, Jefe del Partido Autonomista, de conspiración y de querer restaurar la monarquía, ayudado por Inglaterra. Caifás estuvo a punto de matarlo, pero Jurema lo salvó y cuando Gall intenta hacer lo mismo, Jurema se lo impide. Ambos huyen en una mula; el revolucionario era casi ya un cadáver.

Por esos días había llegado a Queimadas la segunda expedición contra Canudos. Este nuevo ejército lo dirigía el Mayor Febronio de Brito, que tenía a cargo a más de quinientos hombres, dos cañones Krupp y dos ametralladoras. Al acampar en Mulungú, todos los guías, pisteros y cargadores se escaparon y fueron a pedirle perdón al Consejero por haber servido al Can.

La lucha comenzó en las faldas de Cambaio, los yagunzos caían y perdían terreno. Tiempo después huyen rumbo a Canudos. Los soldados creyendo que habían ganado, se tiraron al suelo, abriéndose sus ropas y zapatos. Mientras tanto en Belo Monte se reunieron hombres, mujeres, niños, ancianos y fueron en búsqueda de los ateos. Los sorprendieron descansando y los mataron. Es la segunda gran victoria yagunza.

Canudos había comenzado a crecer y todos los días llegaban miles de peregrinos. El Beatito los recibía y veía si eran los elegidos; Antonio Vilanova repartía los lotes para que las familias construyan sus casas; Joâo Grande se convirtió en el Jefe de La Guardia Católica, que tenía por misión cuidar al Consejero; María Quadrado, La Madres de los Hombres, tenía a cargo el Coro Sagrado, conformado por ocho beatas, que cocinaban, lavaban y cuidaban al Consejero.

Por otro lado, Gall estuvo a punto de morir y el circo del Gitano lo acogió junto a Jurema; la barbuda, el idiota y el enano -sobrevivientes del circo- organizaban sus funciones para sobrevivir. En Ipupiará son alcanzados por Caifás, pero esta vez no intentó matarlo, sólo le cortó su cabellera. Los hombres que acompañaban a Caifás desenterraron a un loco que se suicidó después de haber matado a sus dos hijos para hacerlo pasar por Gall. La cabellera y el loco servirían para coartada de Gonçalves.

Rufino había comenzado a buscar a su esposa y al revolucionario para cobrar venganza y limpiar su honor. Antes de comenzar su empresa va a la hacienda del Barón de Cañabrava para romper una promesa y poder matar a Jurema. En estas circunstancias el Barón se enterará del montaje de Gonçalves; manda a buscar al revolucionario; era su mejor arma para echar por los suelos las artimañas de su rival político.

El Partido Republicano Progresista presentó un cadáver carbonizado y una cabellera rubia, decían que era un agente inglés, que había sido atrapado con armas de marca inglesa y que el Barón apoyaba una conspiración en contra de la República. Gonçalves hizo creer a todos su versión; logrando que el Séptimo Regimiento dirigido, por el Coronel Moreira César - llamado el cortapescuezos por haber degollado a más de un centenar de personas en un levantamiento – se convirtiera en la tercera expedición hacia Canudos.

El Periodista miope, hombre de aspecto caricaturesco, que fumaba opio y sufría de estornudos, viajó con Moreira César, como corresponsal del Diario “El Jornal de Noticias”, donde trabajaba. En el camino Moreira César sufre un taque de convulsiones. Él necesitaba un lugar cómodo para descansar y reponerse y es llevado a Calumbí, hacienda del Barón de Cañabrava, a sabiendas que el republicano Moreira se molestaría. En Calumbí, Moreira y el Barón de Cañabrava mantienen una fuerte discusión sobre la conspiración, luego continúa la marcha y hace llegar su regimiento a Canudos. Cuando ve que las cosas no van bien, toma su caballo para dirigir el ataque, pero cae herido por un proyectil. Es operado urgentemente y antes de morir se entera que su regimiento está perdiendo terreno; ordena un nuevo ataque, pero su Estado Mayor no obedece sus órdenes. Con mucha cólera ordena al Periodista miope redactar un acta del hecho.

Los yagunzos comienzan a ganar y todo el regimiento huye. El Periodista miope en su huída se encuentra con el Padre Joaquim – cura que servía de informante a Canudos y proveía de medicina e información sobre las expediciones-. Estaba amarrado, cuando lo desata lo sigue a Canudos, donde conoce a Jurema, mujer que había visto morir a su esposo, Rufino y Galileo Gall, en una sangrienta pelea.

Rufino había encontrado a su esposa, pero no a Gall que había sido llevado ante el Barón (éste lo deja libre y le da a Ulpino, un pistero para llevarlo a un lugar seguro) Rufino, llevando a Jurema, inicia nuevamente la búsqueda del revolucionario. Ulpino, su amigo, le dice el paradero dónde dejó a Gall.

Pajeú y un grupo de yagunzos van a la hacienda de Calumbí, propiedad del Barón de Cañabrava y le comunican que la van a quemar porque la tierra de tanto sudar merece descansar. Este hecho provocará una honda tristeza en el Barón y la locura de Estela, su esposa, cuando ve que se quema en Calumbí gran parte de su vida.

El Periodista miope conoce a Jurema en Canudos; Pajeú se enamora de la mujer con nombre de flor, pero ella no siente amor por él. En una situación difícil, el miope y Jurema descubren el amor con grandes dosis de erotismo. Cuando sucede esto Jurema se había convertido en los ojos del Periodista miope, éste había roto sus gafas. También se convirtió en una especie de madre para El Enano.

Canudos se había llenado de trincheras por todos lados. Los hombres luchaban y dormían en ellas defendiendo Belo Monte. El templo del Buen Jesús servía de parapeto para los yagunzos que desde sus torres disparaban sin cesar. Así esperan la última expedición del General Artur Oscar que dirige, un ejército de cinco mil hombres armados hasta los dientes. Este ejército tenía un enorme cañón que los yagunzos lo llamaron “La matadeira”. Este canón provocará gran destrucción en la ciudad santa. Varias veces intentaron destruirlo pero fallaron.

Así comienza la guerra del fin del mundo, una guerra sin reglas; ganar un milímetro de terreno significaba un gran triunfo. Ambos bandos tenían miles de bajas. El ejército pidió refuerzos; mientras en Canudos, Joâo Abade, Pajeú, Joâo Grande, jefes máximos de la resistencia, luchaban contra los enviados del Perro; Antonio Vilanova proveía de alimentos y municiones a los yagunzos. Los niños eran utilizados como mensajeros, se les llamaba “párvulos”.

Llega un momento en que Belo Monte se convierte en unas cuantas calles, por el gran avance del ejército. Éste logró apoderarse de la única laguna que abastecía de agua a Canudos. Todo faltaba en la tierra santa y los yagunzos sólo eran huesos; los párvulos se deslizaban en las noches a robar agua, pocos regresaban, el resto moría a balazos. El agua era para los yagunzos de las trincheras, así podían resistir y seguir luchando unos día más.

Los ataques no paraban y cada día eran más los muertos; los yagunzos los enterraban con un trozo de madera –ésta se había acabado en Belo Monte- para que sean bien recibidos por El Padre. Del otro lado, los soldados se desintegraban en plena tierra. Su hospital estaba lleno de cientos de enfermos y heridos que eran engañados, prometiéndoles su pronta curación. Aquí muere Pires Ferreira, por pedido suyo, de un tiro en la sien que le dio el joven médico Teotónio Leal Cavalcanti.

Días antes de la caída de Canudos muere el Consejero. Sus hombres más allegados acordaron enterrarlo en el Santuario y decirle a los yagunzos que subió al cielo en cuerpo y alma, porque si les decían la verdad no resistirían la noticia. El Consejero en sus últimas horas manda a llamar a Antonio Vilanova y lo hace prometer que recorriera el mundo enseñando la palabra del Padre. Vilanova escapa junto con su familia, el Periodista miope, Jurema y el Enano. Para esto Pajeú va a lado contrario a entretener a los soldados para que Vilanova escape por el río. Antes de volver a Canudos es herido y apresado por el Soldado Queluz.

El caboclo Pajeú es devuelto a las trincheras decapitado. Días después el Beatito logra cruzar el círculo yagunzo y va al lado de los soldados a rogar por la vida de las mujeres y niños de Canudos. Los soldados acceden al pedido. Los yagunzos los acribillan cuando cruzan el cerco, llamando a este hecho las muertes piadosas. Los matan para que no los humillen y corten el cuello, como lo hicieron con Pajeú.

Luchan hasta el final, pero Canudos no pudo resistir más y el círculo fue roto por los soldados; murieron más de tres mil soldados y veinticinco mil yagunzos. Cuando todo estaba destruido obligaron al Beatito a llevarlos al lugar donde estaba enterrado el Consejero. El Beatito les indica el lugar por temor que lo coloquen en medio de una jauría (los perros entraban a Canudos a devorar muertos) y su cuerpo sea llevado por pedazos al infierno por los mensajeros del Can. Profanaron la tumba del Consejero y lo decapitan. Su cabeza es llevada para estudios posteriores, pero ésta acabará en el fondo del mar. El Beatito es degollado y enterrado junto al cuerpo sin cabeza del Consejero.

En este panorama desolador el coronel Geraldo Macedo, un cazador de bandidos busca insistentemente a Joâo Abade, cangaceiro que había perseguido por más de una década. Pregunta a los pocos sobrevivientes por el paradero de Joâo Abade y una ancianita le dice que lo subieron al cielo unos arcángeles.
El Barón de Cañabrava se alía con Epaminondas Gonçalves, y éste es llevado a la gobernación de Bahía. Esta jugada la realizan para que no sean absorbidos por los federales y poder seguir manteniendo autonomía de Bahía y todas sus propiedades.

Tiempo después de la caída de Canudos el Barón de Cañabrava recibe la visita del periodista miope que acude a él, para pedirle trabajo en su diario. Ambos mantienen una larga conversación sobre Canudos y su rebelión. El Periodista miope no quiere que la historia de la guerra de Belo Monte se olvide; ahora él vive con Jurema y el Enano.

El Barón de Cañabrava se ha retirado de la política y vive sus últimos días en su casa junto con su esposa Estela, que no recuperó la razón. Después que el Periodista miope se retira de su casa, se dirige al cuarto de su esposa que duerme junto con la mucama negra, sebastiana; y viola a esta última mujer en presencia de su esposa. 
Fuente:  http://estirpepurpura.blogspot.com/2009/08/tratamiento-argumental-de-la-guerra-del.html

Mario Vargas Llosa narra en forma de rompecabezas espacio-temporal esta historia en torno a una banda de contrabandistas de caucho, un prostíbulo que perdura sobre los alegatos y atentados del cura del pueblo, y una india que, de recogida y educada por las monjas, pasa a ser la esposa de un sargento del ejército y posteriormente prostituta de la famosa Casa Verde. 
Pero es el personaje del sargento Lituma quien liga los dos escenarios fundamentales de la obra: la selva amazónica, donde se encuentra la misión de Santa María de Nieva -y donde operan los contrabandistas-, y la desértica llanura de Piura, donde se alza el legendario prostíbulo que da nombre a la novela.
Natural de Piura, Lituma forma parte de las expediciones que buscan la captura de los contrabandistas de caucho quienes utilizan a los indios para sus actividades, y al mismo tiempo los soliviantan con sus mezquindades. El jefe de la modesta pero siniestra banda es un japonés llamado Fushía, que nunca será detenido aunque acabará carcomido por una infección. Su compañera Lalita acabará siendo la esposa del navegante Nieves, que en cambio sí que irá a la cárcel. Además de los hijos propios, Lalita y Nieves cuidan a la joven india Bonifacia, a quien las monjas han expulsado de su misión, después de haberla criado desde muy pequeña, por haber permitido la huida de otras indias pupilas del lugar que echaban de menos la vida selvática. 
El sargento Lituma se enamora de la modesta y encantadora Bonifacia, se casa con ella y se la lleva a Piura. Para aplacar la fanfarronería de uno de los notables del lugar, Lituma acepta jugar a la ruleta rusa y el otro muere en el juego, por lo que el sargento es encarcelado, y uno de sus amigos, Josefino, aprovecha la ocasión para caer sobre su esposa, corromperla, incitarla a abortar. Finalmente ella ante la falta de recursos decide por las circunstancias dedicarse a la prostitución en la Casa Verde. Este prostíbulo, de larga historia en la ciudad -fundada por don Anselmo, extraño individuo de oscuros orígenes- fue incendiado años atrás por el cura local y posteriormente reconstruido y dirigido con éxito por la joven Chunga. Esta, tras la muerte de su madre, venga los abusos que cometiera con ella su padre, don Anselmo, -el fundador del lugar- teniéndole comosimple empleado, como vulgar intérprete de arpa. 
La novela se estructura en capítulos divididos a su vez en segmentos en los que la acción va avanzando en cada una de las localizaciones, aunque no en orden cronológico sino a lo largo de diferentes periodos que van desde la Segunda Guerra Mundial hasta más de veinte años después. 
Además, en cada uno de estos segmentos, se insertan breves flashbacks y flashforwards que amplian la información de lo que se va narrando.
Fuente:  http://jungla.wordpress.com/2008/04/29/un-buen-resumen-de-la-casa-verde/

(Debo aclarar que los resúmenes de esta página se basan en otros publicados en diversas web -o en Wikipedia- a las que hemos agregado o editado datos convenientemente. Asimismo, estos están dirigidos a alumnos de educación secundaria (o media, o bachillerato). No son análisis profundos ni resúmenes académicos).

El nombre de la novela proviene del lugar donde Santiago Zavala (Zavalita), el protagonista, conversa con un antiguo empleado suyo, el negro Ambrosio. La Catedral es una cantina de mala muerte ubicada por los alrededores del río Rímac, cerca a una perrera, a donde Santiago acude para recuperar a Batuque, el perro de su esposa. Allí se reencuentra con el antiguo exchofer de su padre y se van a tomar un par de cervezas.
La obra se basa en la conversación de estos dos personajes, seres muy distintos, casi antagónicos, pero unidos por los azares de la vida, la dictadura de Odría y, sobre todo, la desolación de la historia peruana.
Zavalita es un sencillo periodista de unos 30 años, mediocre, sin mayores ambiciones, y clasemediero, pero de familia acomodada a la que ha dejado de ver en voluntario desclasamiento, a causa de los desacuerdos con su padre, Don Fermín, quien era un empresario muy cercano al poder político en los tiempos del Ochenio.
Ambrosio, por su parte, es un negro viejo que se dedica a matar perros en la perrera municipal, y que anteriormente fue chofer de Cayo Bermúdez y luego chofer de don Fermín, con quien sostuvo una relación homosexual. Asimismo, es el asesino impune de La Musa, antigua prostituta de alto vuelo.
El diálogo, que dura cuatro horas, sirve como hilo conductor para cuatro historias estilísticamente independientes, pero que se entrecruzan en el tiempo. Entre cerveza y cerveza, los dos van atando cabos y llenando vacíos que nos remiten al Perú de aquellos años, época de represión política y corrupción que afecta a todos los estratos sociales. Así, los planos se intercalan y los personajes del pasado cobran actualidad y conviven en la narración del presente entre el viejo Ambrosio y el joven Zavala.
Cuatro son los personajes sobre los que se sostiene la novela: Santiago Zavala (Zavalita), don Fermín Zavala (Bola de Oro), el zambo Ambrosio y Cayo Bermúdez (Cayo Mierda). Cada uno de los cuales se vinculan a su vez con una legión de personajes de distintos estratos, ocupaciones, caracteres e importancia.
Así nos enteramos que Zavalita, como es llamado familiarmente, desea (y logra) estudiar en la Universidad de San Marcos contra la opinión de su progenitor. Allí se enrola en el grupo activista Cahuide, grupo marxista, opositor a la dictadura. Con ellos comprobará, en carne propia, la persecución y las represalias que sufren los opositores al gobierno, de las cuales él se salva por influencia de su poderoso padre.
Por otro lado Ambrosio, zambo de la ciudad de Chincha, sufre un cambio de vida al pasar de su tranquilo pueblo a la ciudad capital, Lima, donde trata de ganarse la vida como puede, logrando finalmente que un viejo conocido de sus años de infancia -el director de gobierno Cayo Bermúdez y mano derecha del ministro de gobierno y de la policía- lo emplee como su chofer.
Cayo Bermúdez (Cayo Mierda, personaje basado en Esparza Zañartu, su siniestro alter ego real del odriismo) es justamente otro de los protagonistas de la novela, quien desempeña su perverso papel defendiendo los intereses del general Odría: persigue a los apristas y comunistas y acalla toda oposición al régimen. Para ello no escatima recurso alguno por pérfido o ilegal que fuese. Además, se consigue una amante de lujo, Hortensia, una ex cabaretera y prostituta apodada “La Musa”, a la que instala en una casa privada de San Miguel y colma de comodidades y lujos, para abandonarla en última instancia cuando es separado del poder.
Mientras tanto, Santiago luego de los sucesos de Cahuide (su detención, la pelea con su padre), rompe toda relación con la familia y se pone a trabajar como periodista en un diario local. Por otro lado, Ambrosio se convierte en chofer de don Fermín, con el que mantiene una relación homosexual esporádica y secreta (“solo cuando este se sentía preocupado o triste, y lejos, en la casa de Ancón”). Hortensia, cuya vida de esplendor iba decayendo en rápida decadencia, se entera de esta relación y utiliza para chantajear al empresario que por esos momentos está recuperándose de serias dificultades económicas. Ambrosio, apenado e indignado ante los sucesos, mata a Hortensia, tras lo cual huye a Pucallpa junto con Amalia, su pareja.
Santiago se va enterando poco a poco de la vida privada de su padre, de sus vicios, sus excesos, cuestiones que lo atormentarán por años. Aún más, teme que su padre haya ordenado la muerte de Hortensia. Por eso su interés en hablar con Ambrosio tras ese reencuentro en la perrera, con el que se inicia la novela. Ello explica también la reticencia de Ambrosio a profundizar en el asunto, llegando incluso a pelearse con Santiago a la salida del bar La Catedral, cuando éste le insiste en preguntarle si había cometido lo “de La Musa” por orden de su padre. Sin embargo, por el diálogo que sostienen ambos, expuesto páginas más adelante de la obra, se desprende que Ambrosio cometió el crimen por propia voluntad, sin mediar orden alguna.

"La ciudad y los perros", la primera gran obra del Premio Nobel 2010 Mario Vargas Llosa transcurre en un colegio militar donde se cursa los últimos tres años de enseñanza secundaria y en el que conviven, en la realidad, jóvenes de todos los niveles sociales, económicos y étnicos del Perú.
El nombre de la novela proviene del apodo que reciben todos los ingresantes a cualquier institución militar peruana; son los "perros" de los antiguos, de los cadetes o reclutas de años superiores. Y al ser "perros" están sometidos a los caprichos de los "superiores", en la creencia de que para aprender a mandar, primero hay que aprender a obedecer.
Es aquí y desde esta dinámica peculiar donde se desarrolla la vida de los personajes y narradores del libro, a la vez, cadetes que cursan sus últimos años, encerrados toda la semana bajo un regimen militarizado y donde se inculca, en teoría, los más altos valores morales. 
Todo se inicia cuando un grupo de ellos (el Círculo) se organiza para robar un examen de Química. El designado por sorteo para hacerlo es el serrano "Cava" quien finalmente lo consigue, pero rompiendo un vidrio por los nervios y el miedo. 
El "Jaguar", líder de dicho grupo es el encargado de negociar las preguntas con otros alumnos, y a las que se accede pagando de algún modo por ellas, ya sea con dinero, cigarrillos o trago, entre otras formas. Alberto (El Poeta) pagaba estos servicios con relatos pornográficos por carecer de "efectivo” (y a veces con carta de amor hechos por encargo). Esta vez, sin embargo, no logra conseguirlas y en medio del examen recibe la ayuda de su amigo el "Esclavo", quien le lanza un papel con las respuestas.
El teniente Gamboa, oficial recio y disciplinado, se percata de esto y castiga a ambos, consignándolos. Posteriormente al descubrirse el robo, toda la sección es consignada indefinidamente hasta que se descubra al autor del escandaloso hurto. Arana, el Esclavo, sabía quién había sido el autor del robo, pues aquella noche se encontraba de imaginaria. Al verse desesperado por no salir en varias semanas y querer ver a Teresa, una chica de la que estaba enamorado unilateralmente (solo le enviaba cartas con el Poeta cuando este se escapaba), decide informar al teniente Huarina de toda la verdad y consigue permiso por ese día. Cava es encerrado en el calabozo y poco después es degradado frente a toda la escuela y echado de la institución.
Alberto, que intuye que el esclavo ha sido el "soplón", siente preocupación por las represalias del Círculo; además siente remordimientos porque las cartas del Esclavo nunca se las dio a Teresa, sino que aprovechó para seducirla.
Luego de unos días, en plenos ejercicios de campaña, Arana muere de un disparo en la cabeza, al parecer por un error suyo según el informe oficial del doctor. Como es lógico, Alberto sospecha que el Jaguar ha sido el secreto asesino y ha vengado así la expulsión del Cava. Entonces lo acusa ante el teniente Gamboa y delata, además, toda vida interna y corrupta de los cadetes. Aunque Gamboa intenta esclarecer la muerte del Esclavo e inicia sus pesquisas personales, es detenido y silenciado por las altas autoridades militares para no provocar un escándalo.
La obra concluye con la salida y dispersión de los muchachos quienes egresan ya adultos del lugar donde ingresaron inocentes y púberes. Alberto regresa a su barrio pituco de Miraflores pensando en cambiarse y visitar, una vez más, a la “huachafita” Teresa, pero sus amigos lo reconocen y lo acogen otra vez. Lo incorporan a esa vida ligera, despreocupada, esa interminable juerga y paseos y romances de verano, aunque con la seguridad de saberse con el futuro seguro y exitoso, gracias a sus fortunas familiares y contactos personales propios de su clase social acomodada. 
El Poeta nunca más vuelve a ver a Teresa y se consigue una enamorada de su medio social mientras planea seriamente seguir estudios de ingeniería en EEUU. 
Jaguar, que ahora trabaja en un banco, por su lado, un día encuentra a Teresa en plena calle y se reconocen, y rememoran juntos los años de niñez. A la semana de aquel encuentro se casan.
En esta novela, que destaca por sus técnicas literarias modernas, la vida de cada personaje, es narrada, paralela a la acción central en una especie de ventanas reveladoras del pasado de cada uno de ellos. En estos flashbacks destacan: Teresa y sus primeros amores con el jovencísismo Jaguar; la llegada de Alberto, muchacho miraflorino, al colegio luego de una decepción amorosa; la historia de Ricardo Arana y sus miedos y cobardías ante un padre autoritario; las reflexiones del Boa; la conversión del cuasi inocente Jaguar en un joven delincuente y su posterior regeneración social.

Alienación
(Julio Ramón Ribeyro)

Roberto era un niño de raza negra que un día recibe la peor ofensa de la chica que amaba secretamente: ella lo discrimina por su color oscuro, "zambo" le grita llena de repugnancia. 
Desde ese terrible momento, la vida del muchacho será un proceso progresivo de blanquearse a toda costa, de quitar de sí cualquier rasgo que le recordase su color o raza original. Aún más, no solo hacerse blanco, sino parecerse a un gringo, a un anglosajón norteamericano; por ello, aunque era hijo de una lavandera -y no vivía en un chalet como el resto de los chicos que frecuentaba- él siempre estaba allí donde solían jugar chicos blanquiñosos.

El cuento se incia contando la historia de Roberto que, al igual que el resto, estaba enamorado de una niña llamada Queca, esta era hermosa de color capulí y la distinguían unas buenas piernas que hacian soñar a los ruidosos adolescentes de Miraflores; alegre, adorable y vivaz, la jovencita era el tormento juvenil del barrio, aunque ella no fíjase su atención en nadie en particular.
Un día,  desgraciada circunstancia, mientras ella jugaba vóley en el parque con sus amigas, un saque fallado hizo que el balón llegara hasta donde estaba Roberto. Él, emocionado pues Queca se acercaba le trata de entregar atentamente la pelota, pero ella lo ve: pequeño y de cabellos ensortijados. Entonces sucedió algo que Roberto jamás pudo olvidar, Queca corrió horrorizada diciendo “Yo no juego con zambos”.

A partir de aquel  día Roberto cambió. Estas palabras decidieron su vida; continuaba en el parque pero su mirada ya no era la misma, había perdido su inocencia, era un ser observador, calificador; y Queca también había cambiado: era mucho más hermosa y, claro, había conseguido un muchacho que al fin la llevo al baile de promoción, a partir de allí todos vieron sus sueños desvanecerse al ver a su dama con un gringuito rico, de buena posición.  
Pero Roberto la seguía espiando hasta que se dio cuenta de que era otro el que se casaría con ella, un tal Billy Muligan, hijo de un funcionario del consulado de Estados Unidos; nadie sabía cómo se conocieron, pero el futuro era obvio.
Poco a poco, Roberto ya no era el mismo, se había cambiado el nombre, ahora era “Boby”; se tiño el pelo con agua oxigenada y  se lo  planchó;  se echaba talco para ser menos negro, y pronto se fijó en la ropa y como no le alcanzaba el dinero, iba a las casas donde remataban ropas de segunda y las compraba.

Roberto que solo se preocupaba por su afecatada apariencia perdió su empleo de repartidor en una pastelería,  ya que el dueño era una persona que ya le había aguantando  que se pinte el cabello, pero que se disfrace ya era el colmo. Así que Roberto eligió irse y buscar otro empleo en casa de gente gringa, pero era rechazado, entonces pensó en hablar aquel idioma y comenzó a estudiar inglés por su cuenta, ver películas en ingles y se empapaba de la cultura que tanto admiraba. Se grababa frases y las repetía hasta el cansancio. Así se le vio por los lugares concurridos por gringos: aeropuertos, grandes restaurantes, siempre allí estaba él, solícito, obsequioso, obsevador. Pudo conseguir empleo de mozo y aprendió más palabras, hasta que se puso a estudiar en el ICPNA; era el alumno que nunca falta  y era uno de los mejores.

Allí se encontró con José María Cabanillas, un chico que tenía la misma ciega admiración por la cultura nortamericana, ambos eran reconocidos por su desempeño. Eran la parejita inseparable de amigos que decidieron vivir juntos alquilaron un cuarto y lo convirtieron en su refugio, con posters y música de Frank Sinatra, hasta que decidieron irse a los Estados Unidos. Erra difícil pero trabajaron duro, juntaron dinero y pronto se encontraban en una ciudad  que los tragaba. Allí había muchos López, Cabanillas, de todas las razas y credos.

Su dinero se les acabó en un mes y pronto no tenían donde vivir, estaban hartos de los hot dog, la ropa desgastada y no les quedo más que inscribirse al reclutamiento, cosa que era muerte segura, pero si lo lograban tenían garantizado nacionalidad, trabajo, medallas, así que sin otra cosa que hacer Roberto y su amigo fueron. Pronto se veían después de haber salido de un país sin oportunidades a estar volando con el uniforme y sus armas. Tiempo después la madre de Roberto recibió una carta donde le comunicaban que él había muerto: Luego regreso su amigo quien enseñaba su brazo mutilado, pero al fin con vida y contó como Roberto había muerto sin sufrir de un tiro en la cabeza. López había muerto y tenía derecho a una prima para su familia la cual nadie cobró.  
Y por otra parte Queca se fue a vivir  al país de su esposo, a Kentucky, donde tenía  todos los aparatos eléctricos, pero sus ojos fueron cambiando y su esposo, un alcohólico que le era infiel, la golpeaba con frecuencia y la insultaba por ser latina.

El banquete
(Julio Ramón Ribeyro)

Don Fernando Pasamano prepara cuidadosamente los detalles para un gran suceso: un banquete en donde invitará al propio presidente de la República quien es paisano suyo y lejanísmo pariente.  Para ello decidie renovarlo todo lo que había en su casa: tiró algunas paredes, agrandó algunas ventanas y también cambió todas sus vestiduras; se preocupó tanto por la recepción que ordenó que construyeran un jardín hermoso donde antes no había nada. Luego se preocuparon por el banquete, por la comida exquisita aunque no sabían qué servir, así que hicieron una encuesta en los mejores hoteles y restaurantes de la ciudad y luego se envió  traer los potajes desde el extranjero. 


Don Fernando. gasta casi toda su fortuna en los preparativos con algunas dudas comprensibles, pero su esposa le dijo que no importaba, ya que recuperarían el dinero con los beneficios que le reportara la presencia del presidente. Este, aunque, había dicho que le enviaría una respuesta positiva de su asistencia, cierta duda atemorizaba a la pareja. Como último recurso, se hizo que pintaran un retrato grande del supremo mandatario y lo colocaran en lo más alto de la sala; pronto llegó la respuesta con un sí del presidente.

El día esperado había llegado. Los asistentes comenzaron a colmar poco a poco la casa, empezaron las presentaciones, las charlas, los brindis, las efusiones y corillos que se estila en acontecimientos así. Cuando llegó el presidente, don Fernando lo recibió con algarabía y comenzaron a servir el magistral banquete. Se comió y se bebió hasta la saciedad y regalo
Don Fernando que quería hablar con el presidente y  no podía porque la concurrencia no los dejaba solos, empezaba ya a impacientarse, pero hacia la medianoche pudo quedarse un momento a solas y le pidió los favores polñiticos que hacía tiempo deseaba. El presidente le ofreció generosamente la embajada de Roma y muchas otras cosas más para gran satisfacción de ambos. 
Mucho después, casi a la madrugada, al retirarse todos, solo quedaron don Fernando y su mujer contentos con las promesas recibidas.

Al día siguiente despertó con los gritos desaforados de su mujer que llegaba alborotada trayendo el periódico, cuya desgraciada noticia  declaraba un terrible golpe de estado perpetrado en la noche del banquete. El presidente y había sido obligado a renunciar y había partido al extranjero.

Doblaje
(Julio Ramón Ribeyro)

En este cuento se relata la terca obsesión de un pintor inglés por conocer a su doble. El ser que es igual a uno y que se halla en las antípodas. Miró un mapa y las antípodas de Londres era Australia. Lleno de ansiedad viaja a Sidney que era donde él deducía que encontraría a su doble.
Muy pronto se dio cuenta de que era una idea descabellada semejante búsqueda. El hecho de ir preguntado a la gente si había visto a una persona igual a uno mismo era de locos o estúpidos. Aun así se quedó siete semanas en Sidney pero se quedo porque el amor tocó su corazón, conoció a una chica llamada Winnie de la cual se enamoró casi a primera vista y ella de él.
Alquiló una casa en las afueras de la ciudad y uno de esos días invitó a Winnie. Sin embargo, había un sentimiento extraño que no lo dejaba en paz ya que ella estaba rara y parecía que ya conociese la casa. Entonces él premeditadamente le dijo que fueran a caminar pero que no tenían como alumbrarse, ella de repente subió por las escaleras y trajo una lámpara encendida, esto molesto al pintor quien concluyó que ella ya había estado con otro hombre en esa casa y la corrió con palabras injuriosas.

Al día siguiente reflexionó sobre su necia actitud y se dijo que la única solución sería disculparse con ella. La buscó en su casa pero Winnie no lo recibió y mandó decir que no lo quería ver nunca más. Decepcionado entendió lo absurdo de situación, así que al día siguiente agarró sus maletas y regresó a Londres.

Al llegar a su casa encontró que todo estaba aparentemente igual, tal como lo había dejado, aunque sentía que había una presencia allí, algo inusual rodeaba el ambiente, como que alguna cosa no encajaba. De pronto tocaron a su puerta, era el botones y le dijo que ayer había olvidado su paraguas en el bar y si querría que se lo trajesen. Automáticamente dijo que sí, pero después se puso a pensar en lo imposible del hecho porque ayer él estaba en pleno vuelo por el Atlántico. Se sintió estremecido, corrió hacia su caballete de pintura -cuyo lienzo dejó en blanco antes de irse- y observó con horror que allí estaba pintado, recientemente, el bello rostro de Winnie.

Los gallinazos sin plumas
(Julio Ramón Ribeyro)
Efraín y Enrique eran dos pequeños hermanos, su abuelo se llamaba don Santos y ese tenía un chancho llamado pascual.

El abuelo siempre levantaba a sus dos nietos para que trajeran comida en latas para el hambriento marrano. Pero lo que traían los dos niños, para el abuelo era poco y siempre se quejaba de que Pascual estaba flaco y que necesitaba más comida. Ellos tenían que traer comida de los basurales.


Un día, Efraín se corto la planta del pie con un vidrio cuando regresaba del muladar trayendo la comida a Pascual. Al día siguiente tuvo que ir a traer como sea la comida para el chancho, pero al regresar Efraín se sintió peor y le dijo al abuelo don santos.
El desconsiderado abuelo no entendía nada, el prefería que su chanco estuviera gordo y lo que le pasara a su nieto Efraín no le interesaba nada. Al final, Enrique tenía que ir solo al trabajo y hacer doble trabajo por su hermano. Enrique trataba de traer lo mejor para Pascual.


Un día Enrique trajo del muladar un perro a quien ambos le pusieron el nombre de Pedro; pero el abuelo quiso botarlo. Enrique convenció al abuelo al decirle que iría con su perro al basural, ya que este tenía un buen olfato para conseguir más comida para el chancho. Una mañana, Enrique amaneció resfriado y así se fue a traer comida para Pascual. Al día siguiente ya no pudo levantarse porque tenía mucha fiebre. Entonces el abuelo Santos insulto a sus nietos diciéndoles que no servían para nada.


Furioso el abuelo intento de levantarlos diciéndoles que eran ociosos. Enrique trato de levantarse y decidió ir al muladar y llevo varias latas vacías. Al volver Enrique con los cubos llenos de comida, el chancho se lo comió y Enrique lloró por Pedrito y se enfrentó a su abuelo. Enrique empujó la pierna de palo de su abuelo con una vara, y este se resbaló y se precipitó de espaldas al chiquero. Enrique y Efraín aprovechan para huir mientras que al fondo se oía una violenta lucha.