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Antonio Vicente Mendes Maciel,” O Conselheiro”, profeta y santón itinerante, recorre el estado de Bahía predicando la palabra de Dios, reconstruyendo iglesias y profetizando la llegada inminente del Anticristo. Su paso por los miserables poblachos bahianos provoca la adhesión de decenas de seguidores que ven en las palabras del profeta la salvación de sus almas y la posibilidad de vivir en permanente santidad.
Así, arrastrados por el fulgor milenarista de sus ojos y por su lacónico verbo mesiánico, una cohorte de magníficos personajes le siguen, cada uno con una terrible historia detrás, convirtiéndose a la verdad del Buen Jesús predicada por el santón y dando de paso un giro radical a todas sus vidas.
Su apostolado errabundo, con el tiempo, hace que sus seguidores ya sean legión. Miles de ellos, la mayoría miserables entre los miserables, de todos los oficios y vidas dedicados a una nueva verdad santa -y en permanente procesión- contarán pronto con la compañía de los temibles bandidos del “sertâo” : los sanguinarios cangaceiros.
Estos, liderados por los más malvados y salvajes jefes, Pedraò, Pajeú y el demoníaco Joaó Satán, se convierten a las palabras del Consejero. De la conversión de este último bandido renace Joaó Abade, el nuevo lugarteniente del Consejero y de los elegidos que deciden poner rumbo a un lugar estable, a una nueva Jerusalem que ya ha descendido del cielo: la aldeade Canudos, hacienda propiedad del Barón de Cañabrava.
El mensaje apocalíptico del Consejero termina por identificar al Can, al verdadero Anticristo, con lo que no es sino la joven República del Brasil, la cual pretende la permanente separación de la iglesia y del estado; que decreta el matrimonio civil; que obliga a todas las personas a inscribirse en el censo; y que, además, impone el sistema métrico decimal.
Su ruptura, sangrienta, con el Anticristo, es decir con la República, no pasa desapercibida por los dos antagónicos partidos póliticos mayoritarios de Bahía: el Partido Reformista Republicano, de corte jacobino y burgués (controlado por el cínico Epaminondas Goncalves), y el Partido Autonomista Monárquico liderado por el Barón de Cañabrava, noble afectado en sus propiedades por los iluminados de Canudos.
Ambos identifican a los revoltosos del Belo Monte de formas distintas: los republicanos ven en ellos a unas marionetas, manejadas por losmonárquicos, que pretenden le restauración de la Monarquía y sus antiguos usos en el Estado de Bahía a costa de sembrar la inestabilidad política.
Por el contrario, los monárquicos ven en el movimiento de los yagunzos la excusa más propicia para que el gobierno central de Río acabe con cualquier oposición política a la República en el estado, Bahía, más autónomo y monárquico de todos.
A ellos se une una tercera mirada: la de Galileo Gall, frenólogo y revolucionario escocés, veterano de La Comuna de París, libertario empedernido y hombre apasionado y voluntarioso. Gall ve en los escogidos de Canudos a los nuevos hijos de la Revolución, que -aunque anclados en una retórica milenarista y medieval- han conseguido abolir la propiedad privada y el dinero, instaurar el comunismo, tomar las tierras a un señor feudal, establecer el amor libre y derrotar a las tropas nacionales.
Tras el fracaso de dos expediciones militares contra los santos, una compañía masacrada y un batallón diezmado, la joven República decide enviar a la mejor unidad del ejército: el Séptimo Regimiento del Brasil,comandado por el enérgico y radicalmente republicano coronel Moreira César, partidario de la República Dictatorial.
Mientras tanto , los nuevos moradores de la Jerusalem Celeste, los Santos de Canudos, con” O Conselheiro” al frente de su Legión de Elegidos, sabiendo del Fin de los Tiempos y de la Segunda Venida, advertidos de la llegada del Ejército del Anticristo se preparan para la lucha, para la, cruenta y desigual batalla, para la guerra… para La Guerra del Fin del Mundo.
Mediante este desquiciado contexto, Vargas Llosa retrata un mundo impredecible que parece víctima de un malentendido sin remedio, un tiempo confuso en el que las personas inteligentes apenas pueden orientarse. El escritor deja mecer a sus personajes por las extrañas geografías del azar, por la inescrutable ley de la historia de los pueblos y de los individuos. Y el lector, ya sea cuando comprueba que la política es un quehacer de rufianes donde no se puede actuar como caballeros o que las mentiras machacadas día y noche se vuelven verdades, ya sea al internarse por un triángulo amoroso o al participar en una guerra en la que los vencedores no se cubren de gloria, el lector disfruta de una cumbre literaria, de un libro inolvidable. En La guerra del fin del mundo hay lugar para la aventura, para la historia, para el amor y para el dolor.
Fuentes:
http://es.scribd.com/doc/79513571/La-Guerra-Del-Fin-Del-Mundo-Resumen
http://www.hislibris.com/197/  

Resumen extenso:
La guerra del fin del mundo es una de las novelas mayores de Latinoamérica; con ella Mario Vargas Llosa nos sumerge en la vorágine de la creación. Leer esta novela es una experiencia diferente porque requiere de un alto grado de concentración para comprender todas las situaciones que se nos presentan.

La historia se centra en la rebelión de un grupo de seres marginados, reunidos en una ciudad pequeña llamada Canudos (Brasil) que lucharán contra la República, recién instaurada, creyéndola que era el Anticristo.

La novela inicia la historia de Antonio el Consejero, un hombre muy flaco, y misterioso que recorría el Sertón de Bahía, predicando la palabra del Buen Jesús y anunciando la llegada del fin del mundo. Era seguido por un grupo de hombres; en cada pueblo que entraba restauraba iglesias y cementerios. En su caminar se le unieron: Joâo Abade, un cruel cangaceiro que era buscado por la policía. Joâo Grande, un negro errante que había matado a la mujer que lo crió; Antonio, el Beatito, joven con vocación religiosa y un gran amor por el prójimo; Pajeú, cangaceiro con una enorme cicatriz que le dibujaba la cara por completo; Antonio Vilanova, comerciante que había caído tres veces en la ruina económica; el León de Natuba, un ser deforme y pequeño, que caminaba como animal, tenía una hermosa letra y que posteriormente se convirtió en el escriba de Canudos; María Quadrado, mujer que había peregrinado a Monte Santo por haber matado a su pequeño hijo; y otros seres desposeídos.

El Consejero y toda su gente se asentó en Canudos, la tierra prometida, que era llamada Belo Monte; construyendo un gigantesco templo de piedra para el Buen Jesús. Rechazaban el matrimonio civil, la separación de la iglesia del Estado, el censo, el dinero, el sistema métrico decimal. Pasaron así los primeros años y cuando se enteraron las autoridades de esta situación enviaron una comitiva para buscar al dirigente de la rebelión. Los pobladores de Canudos – Se hacían llamar yagunzos, por ser alzados- los corrieron, dándoles una buena paliza.

Esta escaramuza provocó el envío de un centenar de soldados para el exterminio de Canudos. Esta primera expedición estuvo dirigida por el Teniente Pires Ferreira. Acamparon en Uauá y los yagunzos salieron a su encuentro. Los soldados descansaban y cuando vieron a lo lejos una procesión de gentes miserables, no se preocuparon por nada. Todos los yagunzos les caen encima ganando, de esta manera, su primera gran batalla.

Por otro lado, en Salvador o Bahía andaba un hombre rubio, tocando cráneos, era Galileo Gall, revolucionario y frenólogo escocés. A él le llega una orden de expulsión del país, por ser un extranjero indeseable; así que antes de ser expulsado decide solidarizarse con Canudos, lugar en el que veía como prosperaba una sociedad libre. Para esto va al diario “El Jornal de Noticias”, donde conoce a su director y presidente del Partido Republicano Progresista, Epaminondas Gonçalves. El anuncio que desea publicar no puede salir impreso. Tiempo después Gonçalves le propone llevar armas a Canudos, le pagaría bien y lo ayudaría a salir del país. Gall acepta, pero por cuestiones ideológicas.

Galileo Gall busca un pistero llamado Rufino, para que lo lleve a Canudos. Éste acepta, pero se va con la gente del ferrocarril de Jacobina. El revolucionario guarda las armas, que estaban en una carreta, en la casa del pistero. Pero se las roban e intentan matarlo, después de esta situación se abraza fuertemente con Jurema, esposa de Rufino. Ella despierta sus deseos sexuales y la viola. Pasados unos días es visitado por Caifás, hombre de Gonçalves que le confiesa que él había robado las armas e intenta matarlo pues su jefe necesitaba un hombre muerto con sus características físicas para hacerlo pasar como un inglés. Gracias a este muerto y las armas de marca inglesa, armaría una tetra para acusar al Barón Cañabrava, Jefe del Partido Autonomista, de conspiración y de querer restaurar la monarquía, ayudado por Inglaterra. Caifás estuvo a punto de matarlo, pero Jurema lo salvó y cuando Gall intenta hacer lo mismo, Jurema se lo impide. Ambos huyen en una mula; el revolucionario era casi ya un cadáver.

Por esos días había llegado a Queimadas la segunda expedición contra Canudos. Este nuevo ejército lo dirigía el Mayor Febronio de Brito, que tenía a cargo a más de quinientos hombres, dos cañones Krupp y dos ametralladoras. Al acampar en Mulungú, todos los guías, pisteros y cargadores se escaparon y fueron a pedirle perdón al Consejero por haber servido al Can.

La lucha comenzó en las faldas de Cambaio, los yagunzos caían y perdían terreno. Tiempo después huyen rumbo a Canudos. Los soldados creyendo que habían ganado, se tiraron al suelo, abriéndose sus ropas y zapatos. Mientras tanto en Belo Monte se reunieron hombres, mujeres, niños, ancianos y fueron en búsqueda de los ateos. Los sorprendieron descansando y los mataron. Es la segunda gran victoria yagunza.

Canudos había comenzado a crecer y todos los días llegaban miles de peregrinos. El Beatito los recibía y veía si eran los elegidos; Antonio Vilanova repartía los lotes para que las familias construyan sus casas; Joâo Grande se convirtió en el Jefe de La Guardia Católica, que tenía por misión cuidar al Consejero; María Quadrado, La Madres de los Hombres, tenía a cargo el Coro Sagrado, conformado por ocho beatas, que cocinaban, lavaban y cuidaban al Consejero.

Por otro lado, Gall estuvo a punto de morir y el circo del Gitano lo acogió junto a Jurema; la barbuda, el idiota y el enano -sobrevivientes del circo- organizaban sus funciones para sobrevivir. En Ipupiará son alcanzados por Caifás, pero esta vez no intentó matarlo, sólo le cortó su cabellera. Los hombres que acompañaban a Caifás desenterraron a un loco que se suicidó después de haber matado a sus dos hijos para hacerlo pasar por Gall. La cabellera y el loco servirían para coartada de Gonçalves.

Rufino había comenzado a buscar a su esposa y al revolucionario para cobrar venganza y limpiar su honor. Antes de comenzar su empresa va a la hacienda del Barón de Cañabrava para romper una promesa y poder matar a Jurema. En estas circunstancias el Barón se enterará del montaje de Gonçalves; manda a buscar al revolucionario; era su mejor arma para echar por los suelos las artimañas de su rival político.

El Partido Republicano Progresista presentó un cadáver carbonizado y una cabellera rubia, decían que era un agente inglés, que había sido atrapado con armas de marca inglesa y que el Barón apoyaba una conspiración en contra de la República. Gonçalves hizo creer a todos su versión; logrando que el Séptimo Regimiento dirigido, por el Coronel Moreira César - llamado el cortapescuezos por haber degollado a más de un centenar de personas en un levantamiento – se convirtiera en la tercera expedición hacia Canudos.

El Periodista miope, hombre de aspecto caricaturesco, que fumaba opio y sufría de estornudos, viajó con Moreira César, como corresponsal del Diario “El Jornal de Noticias”, donde trabajaba. En el camino Moreira César sufre un taque de convulsiones. Él necesitaba un lugar cómodo para descansar y reponerse y es llevado a Calumbí, hacienda del Barón de Cañabrava, a sabiendas que el republicano Moreira se molestaría. En Calumbí, Moreira y el Barón de Cañabrava mantienen una fuerte discusión sobre la conspiración, luego continúa la marcha y hace llegar su regimiento a Canudos. Cuando ve que las cosas no van bien, toma su caballo para dirigir el ataque, pero cae herido por un proyectil. Es operado urgentemente y antes de morir se entera que su regimiento está perdiendo terreno; ordena un nuevo ataque, pero su Estado Mayor no obedece sus órdenes. Con mucha cólera ordena al Periodista miope redactar un acta del hecho.

Los yagunzos comienzan a ganar y todo el regimiento huye. El Periodista miope en su huída se encuentra con el Padre Joaquim – cura que servía de informante a Canudos y proveía de medicina e información sobre las expediciones-. Estaba amarrado, cuando lo desata lo sigue a Canudos, donde conoce a Jurema, mujer que había visto morir a su esposo, Rufino y Galileo Gall, en una sangrienta pelea.

Rufino había encontrado a su esposa, pero no a Gall que había sido llevado ante el Barón (éste lo deja libre y le da a Ulpino, un pistero para llevarlo a un lugar seguro) Rufino, llevando a Jurema, inicia nuevamente la búsqueda del revolucionario. Ulpino, su amigo, le dice el paradero dónde dejó a Gall.

Pajeú y un grupo de yagunzos van a la hacienda de Calumbí, propiedad del Barón de Cañabrava y le comunican que la van a quemar porque la tierra de tanto sudar merece descansar. Este hecho provocará una honda tristeza en el Barón y la locura de Estela, su esposa, cuando ve que se quema en Calumbí gran parte de su vida.

El Periodista miope conoce a Jurema en Canudos; Pajeú se enamora de la mujer con nombre de flor, pero ella no siente amor por él. En una situación difícil, el miope y Jurema descubren el amor con grandes dosis de erotismo. Cuando sucede esto Jurema se había convertido en los ojos del Periodista miope, éste había roto sus gafas. También se convirtió en una especie de madre para El Enano.

Canudos se había llenado de trincheras por todos lados. Los hombres luchaban y dormían en ellas defendiendo Belo Monte. El templo del Buen Jesús servía de parapeto para los yagunzos que desde sus torres disparaban sin cesar. Así esperan la última expedición del General Artur Oscar que dirige, un ejército de cinco mil hombres armados hasta los dientes. Este ejército tenía un enorme cañón que los yagunzos lo llamaron “La matadeira”. Este canón provocará gran destrucción en la ciudad santa. Varias veces intentaron destruirlo pero fallaron.

Así comienza la guerra del fin del mundo, una guerra sin reglas; ganar un milímetro de terreno significaba un gran triunfo. Ambos bandos tenían miles de bajas. El ejército pidió refuerzos; mientras en Canudos, Joâo Abade, Pajeú, Joâo Grande, jefes máximos de la resistencia, luchaban contra los enviados del Perro; Antonio Vilanova proveía de alimentos y municiones a los yagunzos. Los niños eran utilizados como mensajeros, se les llamaba “párvulos”.

Llega un momento en que Belo Monte se convierte en unas cuantas calles, por el gran avance del ejército. Éste logró apoderarse de la única laguna que abastecía de agua a Canudos. Todo faltaba en la tierra santa y los yagunzos sólo eran huesos; los párvulos se deslizaban en las noches a robar agua, pocos regresaban, el resto moría a balazos. El agua era para los yagunzos de las trincheras, así podían resistir y seguir luchando unos día más.

Los ataques no paraban y cada día eran más los muertos; los yagunzos los enterraban con un trozo de madera –ésta se había acabado en Belo Monte- para que sean bien recibidos por El Padre. Del otro lado, los soldados se desintegraban en plena tierra. Su hospital estaba lleno de cientos de enfermos y heridos que eran engañados, prometiéndoles su pronta curación. Aquí muere Pires Ferreira, por pedido suyo, de un tiro en la sien que le dio el joven médico Teotónio Leal Cavalcanti.

Días antes de la caída de Canudos muere el Consejero. Sus hombres más allegados acordaron enterrarlo en el Santuario y decirle a los yagunzos que subió al cielo en cuerpo y alma, porque si les decían la verdad no resistirían la noticia. El Consejero en sus últimas horas manda a llamar a Antonio Vilanova y lo hace prometer que recorriera el mundo enseñando la palabra del Padre. Vilanova escapa junto con su familia, el Periodista miope, Jurema y el Enano. Para esto Pajeú va a lado contrario a entretener a los soldados para que Vilanova escape por el río. Antes de volver a Canudos es herido y apresado por el Soldado Queluz.

El caboclo Pajeú es devuelto a las trincheras decapitado. Días después el Beatito logra cruzar el círculo yagunzo y va al lado de los soldados a rogar por la vida de las mujeres y niños de Canudos. Los soldados acceden al pedido. Los yagunzos los acribillan cuando cruzan el cerco, llamando a este hecho las muertes piadosas. Los matan para que no los humillen y corten el cuello, como lo hicieron con Pajeú.

Luchan hasta el final, pero Canudos no pudo resistir más y el círculo fue roto por los soldados; murieron más de tres mil soldados y veinticinco mil yagunzos. Cuando todo estaba destruido obligaron al Beatito a llevarlos al lugar donde estaba enterrado el Consejero. El Beatito les indica el lugar por temor que lo coloquen en medio de una jauría (los perros entraban a Canudos a devorar muertos) y su cuerpo sea llevado por pedazos al infierno por los mensajeros del Can. Profanaron la tumba del Consejero y lo decapitan. Su cabeza es llevada para estudios posteriores, pero ésta acabará en el fondo del mar. El Beatito es degollado y enterrado junto al cuerpo sin cabeza del Consejero.

En este panorama desolador el coronel Geraldo Macedo, un cazador de bandidos busca insistentemente a Joâo Abade, cangaceiro que había perseguido por más de una década. Pregunta a los pocos sobrevivientes por el paradero de Joâo Abade y una ancianita le dice que lo subieron al cielo unos arcángeles.
El Barón de Cañabrava se alía con Epaminondas Gonçalves, y éste es llevado a la gobernación de Bahía. Esta jugada la realizan para que no sean absorbidos por los federales y poder seguir manteniendo autonomía de Bahía y todas sus propiedades.

Tiempo después de la caída de Canudos el Barón de Cañabrava recibe la visita del periodista miope que acude a él, para pedirle trabajo en su diario. Ambos mantienen una larga conversación sobre Canudos y su rebelión. El Periodista miope no quiere que la historia de la guerra de Belo Monte se olvide; ahora él vive con Jurema y el Enano.

El Barón de Cañabrava se ha retirado de la política y vive sus últimos días en su casa junto con su esposa Estela, que no recuperó la razón. Después que el Periodista miope se retira de su casa, se dirige al cuarto de su esposa que duerme junto con la mucama negra, sebastiana; y viola a esta última mujer en presencia de su esposa. 
Fuente:  http://estirpepurpura.blogspot.com/2009/08/tratamiento-argumental-de-la-guerra-del.html

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