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Esta es una presentación cedida por el lingüista y profesor Luis Alberto Medina

Como pasar tests en Word a Mercatest from Mercatest Editorial on Vimeo.

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Alienación
(Julio Ramón Ribeyro)

Roberto era un niño de raza negra que un día recibe la peor ofensa de la chica que amaba secretamente: ella lo discrimina por su color oscuro, "zambo" le grita llena de repugnancia. 
Desde ese terrible momento, la vida del muchacho será un proceso progresivo de blanquearse a toda costa, de quitar de sí cualquier rasgo que le recordase su color o raza original. Aún más, no solo hacerse blanco, sino parecerse a un gringo, a un anglosajón norteamericano; por ello, aunque era hijo de una lavandera -y no vivía en un chalet como el resto de los chicos que frecuentaba- él siempre estaba allí donde solían jugar chicos blanquiñosos.

El cuento se incia contando la historia de Roberto que, al igual que el resto, estaba enamorado de una niña llamada Queca, esta era hermosa de color capulí y la distinguían unas buenas piernas que hacian soñar a los ruidosos adolescentes de Miraflores; alegre, adorable y vivaz, la jovencita era el tormento juvenil del barrio, aunque ella no fíjase su atención en nadie en particular.
Un día,  desgraciada circunstancia, mientras ella jugaba vóley en el parque con sus amigas, un saque fallado hizo que el balón llegara hasta donde estaba Roberto. Él, emocionado pues Queca se acercaba le trata de entregar atentamente la pelota, pero ella lo ve: pequeño y de cabellos ensortijados. Entonces sucedió algo que Roberto jamás pudo olvidar, Queca corrió horrorizada diciendo “Yo no juego con zambos”.

A partir de aquel  día Roberto cambió. Estas palabras decidieron su vida; continuaba en el parque pero su mirada ya no era la misma, había perdido su inocencia, era un ser observador, calificador; y Queca también había cambiado: era mucho más hermosa y, claro, había conseguido un muchacho que al fin la llevo al baile de promoción, a partir de allí todos vieron sus sueños desvanecerse al ver a su dama con un gringuito rico, de buena posición.  
Pero Roberto la seguía espiando hasta que se dio cuenta de que era otro el que se casaría con ella, un tal Billy Muligan, hijo de un funcionario del consulado de Estados Unidos; nadie sabía cómo se conocieron, pero el futuro era obvio.
Poco a poco, Roberto ya no era el mismo, se había cambiado el nombre, ahora era “Boby”; se tiño el pelo con agua oxigenada y  se lo  planchó;  se echaba talco para ser menos negro, y pronto se fijó en la ropa y como no le alcanzaba el dinero, iba a las casas donde remataban ropas de segunda y las compraba.

Roberto que solo se preocupaba por su afecatada apariencia perdió su empleo de repartidor en una pastelería,  ya que el dueño era una persona que ya le había aguantando  que se pinte el cabello, pero que se disfrace ya era el colmo. Así que Roberto eligió irse y buscar otro empleo en casa de gente gringa, pero era rechazado, entonces pensó en hablar aquel idioma y comenzó a estudiar inglés por su cuenta, ver películas en ingles y se empapaba de la cultura que tanto admiraba. Se grababa frases y las repetía hasta el cansancio. Así se le vio por los lugares concurridos por gringos: aeropuertos, grandes restaurantes, siempre allí estaba él, solícito, obsequioso, obsevador. Pudo conseguir empleo de mozo y aprendió más palabras, hasta que se puso a estudiar en el ICPNA; era el alumno que nunca falta  y era uno de los mejores.

Allí se encontró con José María Cabanillas, un chico que tenía la misma ciega admiración por la cultura nortamericana, ambos eran reconocidos por su desempeño. Eran la parejita inseparable de amigos que decidieron vivir juntos alquilaron un cuarto y lo convirtieron en su refugio, con posters y música de Frank Sinatra, hasta que decidieron irse a los Estados Unidos. Erra difícil pero trabajaron duro, juntaron dinero y pronto se encontraban en una ciudad  que los tragaba. Allí había muchos López, Cabanillas, de todas las razas y credos.

Su dinero se les acabó en un mes y pronto no tenían donde vivir, estaban hartos de los hot dog, la ropa desgastada y no les quedo más que inscribirse al reclutamiento, cosa que era muerte segura, pero si lo lograban tenían garantizado nacionalidad, trabajo, medallas, así que sin otra cosa que hacer Roberto y su amigo fueron. Pronto se veían después de haber salido de un país sin oportunidades a estar volando con el uniforme y sus armas. Tiempo después la madre de Roberto recibió una carta donde le comunicaban que él había muerto: Luego regreso su amigo quien enseñaba su brazo mutilado, pero al fin con vida y contó como Roberto había muerto sin sufrir de un tiro en la cabeza. López había muerto y tenía derecho a una prima para su familia la cual nadie cobró.  
Y por otra parte Queca se fue a vivir  al país de su esposo, a Kentucky, donde tenía  todos los aparatos eléctricos, pero sus ojos fueron cambiando y su esposo, un alcohólico que le era infiel, la golpeaba con frecuencia y la insultaba por ser latina.

El banquete
(Julio Ramón Ribeyro)

Don Fernando Pasamano prepara cuidadosamente los detalles para un gran suceso: un banquete en donde invitará al propio presidente de la República quien es paisano suyo y lejanísmo pariente.  Para ello decidie renovarlo todo lo que había en su casa: tiró algunas paredes, agrandó algunas ventanas y también cambió todas sus vestiduras; se preocupó tanto por la recepción que ordenó que construyeran un jardín hermoso donde antes no había nada. Luego se preocuparon por el banquete, por la comida exquisita aunque no sabían qué servir, así que hicieron una encuesta en los mejores hoteles y restaurantes de la ciudad y luego se envió  traer los potajes desde el extranjero. 


Don Fernando. gasta casi toda su fortuna en los preparativos con algunas dudas comprensibles, pero su esposa le dijo que no importaba, ya que recuperarían el dinero con los beneficios que le reportara la presencia del presidente. Este, aunque, había dicho que le enviaría una respuesta positiva de su asistencia, cierta duda atemorizaba a la pareja. Como último recurso, se hizo que pintaran un retrato grande del supremo mandatario y lo colocaran en lo más alto de la sala; pronto llegó la respuesta con un sí del presidente.

El día esperado había llegado. Los asistentes comenzaron a colmar poco a poco la casa, empezaron las presentaciones, las charlas, los brindis, las efusiones y corillos que se estila en acontecimientos así. Cuando llegó el presidente, don Fernando lo recibió con algarabía y comenzaron a servir el magistral banquete. Se comió y se bebió hasta la saciedad y regalo
Don Fernando que quería hablar con el presidente y  no podía porque la concurrencia no los dejaba solos, empezaba ya a impacientarse, pero hacia la medianoche pudo quedarse un momento a solas y le pidió los favores polñiticos que hacía tiempo deseaba. El presidente le ofreció generosamente la embajada de Roma y muchas otras cosas más para gran satisfacción de ambos. 
Mucho después, casi a la madrugada, al retirarse todos, solo quedaron don Fernando y su mujer contentos con las promesas recibidas.

Al día siguiente despertó con los gritos desaforados de su mujer que llegaba alborotada trayendo el periódico, cuya desgraciada noticia  declaraba un terrible golpe de estado perpetrado en la noche del banquete. El presidente y había sido obligado a renunciar y había partido al extranjero.

Doblaje
(Julio Ramón Ribeyro)

En este cuento se relata la terca obsesión de un pintor inglés por conocer a su doble. El ser que es igual a uno y que se halla en las antípodas. Miró un mapa y las antípodas de Londres era Australia. Lleno de ansiedad viaja a Sidney que era donde él deducía que encontraría a su doble.
Muy pronto se dio cuenta de que era una idea descabellada semejante búsqueda. El hecho de ir preguntado a la gente si había visto a una persona igual a uno mismo era de locos o estúpidos. Aun así se quedó siete semanas en Sidney pero se quedo porque el amor tocó su corazón, conoció a una chica llamada Winnie de la cual se enamoró casi a primera vista y ella de él.
Alquiló una casa en las afueras de la ciudad y uno de esos días invitó a Winnie. Sin embargo, había un sentimiento extraño que no lo dejaba en paz ya que ella estaba rara y parecía que ya conociese la casa. Entonces él premeditadamente le dijo que fueran a caminar pero que no tenían como alumbrarse, ella de repente subió por las escaleras y trajo una lámpara encendida, esto molesto al pintor quien concluyó que ella ya había estado con otro hombre en esa casa y la corrió con palabras injuriosas.

Al día siguiente reflexionó sobre su necia actitud y se dijo que la única solución sería disculparse con ella. La buscó en su casa pero Winnie no lo recibió y mandó decir que no lo quería ver nunca más. Decepcionado entendió lo absurdo de situación, así que al día siguiente agarró sus maletas y regresó a Londres.

Al llegar a su casa encontró que todo estaba aparentemente igual, tal como lo había dejado, aunque sentía que había una presencia allí, algo inusual rodeaba el ambiente, como que alguna cosa no encajaba. De pronto tocaron a su puerta, era el botones y le dijo que ayer había olvidado su paraguas en el bar y si querría que se lo trajesen. Automáticamente dijo que sí, pero después se puso a pensar en lo imposible del hecho porque ayer él estaba en pleno vuelo por el Atlántico. Se sintió estremecido, corrió hacia su caballete de pintura -cuyo lienzo dejó en blanco antes de irse- y observó con horror que allí estaba pintado, recientemente, el bello rostro de Winnie.

Los gallinazos sin plumas
(Julio Ramón Ribeyro)
Efraín y Enrique eran dos pequeños hermanos, su abuelo se llamaba don Santos y ese tenía un chancho llamado pascual.

El abuelo siempre levantaba a sus dos nietos para que trajeran comida en latas para el hambriento marrano. Pero lo que traían los dos niños, para el abuelo era poco y siempre se quejaba de que Pascual estaba flaco y que necesitaba más comida. Ellos tenían que traer comida de los basurales.


Un día, Efraín se corto la planta del pie con un vidrio cuando regresaba del muladar trayendo la comida a Pascual. Al día siguiente tuvo que ir a traer como sea la comida para el chancho, pero al regresar Efraín se sintió peor y le dijo al abuelo don santos.
El desconsiderado abuelo no entendía nada, el prefería que su chanco estuviera gordo y lo que le pasara a su nieto Efraín no le interesaba nada. Al final, Enrique tenía que ir solo al trabajo y hacer doble trabajo por su hermano. Enrique trataba de traer lo mejor para Pascual.


Un día Enrique trajo del muladar un perro a quien ambos le pusieron el nombre de Pedro; pero el abuelo quiso botarlo. Enrique convenció al abuelo al decirle que iría con su perro al basural, ya que este tenía un buen olfato para conseguir más comida para el chancho. Una mañana, Enrique amaneció resfriado y así se fue a traer comida para Pascual. Al día siguiente ya no pudo levantarse porque tenía mucha fiebre. Entonces el abuelo Santos insulto a sus nietos diciéndoles que no servían para nada.


Furioso el abuelo intento de levantarlos diciéndoles que eran ociosos. Enrique trato de levantarse y decidió ir al muladar y llevo varias latas vacías. Al volver Enrique con los cubos llenos de comida, el chancho se lo comió y Enrique lloró por Pedrito y se enfrentó a su abuelo. Enrique empujó la pierna de palo de su abuelo con una vara, y este se resbaló y se precipitó de espaldas al chiquero. Enrique y Efraín aprovechan para huir mientras que al fondo se oía una violenta lucha.



El zorro de arriba y el zorro de abajo
(José María Arguedas)
El zorro de arriba y el zorro de abajo es una novela que se diferencia del resto de la obra arguediana por los temas que trata: testimonio, lenguaje diaspórico, transculturación, globalización, diatriba a los poderes hegemónicos, migración, abuso de la homosexualidad, predominio de la oralidad, etc. Los sub-géneros que se fusionan en está original novela son diversos: discurso, diario personal, relato, drama, ensayo, poesía, canción, etc. Todas estas características revelan que este relato es al mismo tiempo una construcción literaria como también un documento casi histórico de lo que fue la sociedad peruana de la década de los sesentas del siglo XX y la vida del autor.

Desde el introito-discurso, dado con ocasión del premio Inca Garcilaso de la Vega, se revelan ciertos índices de lo que para Arguedas fue prácticamente un proyecto:

“Pero este discurso no estaría completo si no explicara que el ideal que intenté realizar, y que tal parece que alcancé hasta donde es posible, no lo habría logrado si no fuera por dos principios que alentaron mi trabajo desde el comienzo.” (14)

Estos diarios son reveladores sobre la personalidad ambigua, casi bipolar del escritor, que vivió entre “confusión” y “belleza más que deslumbrante” (14); una vida dicotómica que ponía sobre la tela del juicio elementos tan importantes como la ideología y el compromiso político:

“¿Hasta dónde entendí el socialismo? No lo sé bien. Pero no mató en mi lo mágico" (14)

Más adelante, en sus diarios, se vislumbran sus tentativas suicidas, sus lagunas literarias, la literatura como terapia, el arte y el compromiso literario y algunas definiciones de lo que es un escritor profesional o no, respondiendo a una definición de Julio Cortázar:

[...] Y había decidido hablar hoy algo sobre el juicio de Cortázar respecto del escritor profesional. Yo no soy escritor profesional, Juan –refiriéndose a Juan Rulfo— no es escritor profesional, ese García Márquez no es escritor profesional. ¡No es profesión escribir novelas y poesías! O yo, con mi experiencia nacional, que en ciertos resquicios sigue siendo provincial, entiendo provincialmente el sentido de esta palabra oficio como una técnica que se ha aprendido y se ejerce específicamente, orondamente para ganar plata. (25)

Se puede destacar que Arguedas expone una clara defensa a lo que significa la manipulación artificial o mecánica del arte, como afirma Julio Ortega en su ensayo Los Zorros de Arguedas: migraciones y fundaciones de la modernidad andina, ya no solamente por la tecnología, sino también por el sistema mercantil que explota la literatura como un medio de enriquecimiento.
Posición política o no sobre lo que representa la literatura como tal para Arguedas, nos hace pensar de igual manera ¿Cuál es el propósito de la literatura y por antonomasia del escritor? ¿Cuál es el futuro de la literatura? ¿Será emergida en el mundo del espectáculo?
Y como se pregunta Arguedas: ¿no es natural que nos irritemos cuando alguien proclama que la profesionalización del novelista es un signo de progreso, de mayor perfección? (26).

Ya en la novela, lo primero que se puede destacar es el lenguaje; un lenguaje marginal, decadente, revelador, hasta cierto punto diaspórico: el idioma de los pescadores de Chimbote:

-“!Padrazo, padrenuestro!”, me rogabas anoche, mocoseando en el callejón del burdel. Putamadre, maricón Mudo; aquí ti’hago hombre.
-Yo soy hijo de puta, patrón. Tú sabes.

-No güevón. Aquí, carajo, a bordo, todos son putamadres menos el patrón (30)

Otra vez vemos una característica que sobrevuela la obra arguediana: el sexo, la prostitución, los burdeles, el lenguaje de los costeños, que como en El sexto, revela un visceralismo voraz, vivo, a veces escatológico:
-¿No vomitas? Entonces vas derecho a la anchoveta que Braschi, el culemacho, li’ha quitado a los cochos alcatraces (30)
Estas particularidades se comparan con aquellas del estadounidense Maxwell, que pueden ser el de quien ha vivido una experiencia de transculturación: una persona foránea que adquiere el lenguaje local, toca charango y toma chicha.

La crítica a los poderes hegemónicos también está presente en la novela. Como en Todas las sangres, se ve el poder casi absoluto de las grandes corporaciones internacionales –relacionadas con las empresas pesqueras en este caso- y su dominio todopoderoso de estas sobre el pueblo, que, como en todos los casos, son “los de abajo”:
Sólo desde esas alturas se manda, se dispone, se arregla, se pone en vereda a mezcolanzas tan peores que mierda de chancho de barriada, como es esta... país (99).


Yawar fiesta
(José María Arguedas)
Los primeros capítulos nos ofrecen el trasfondo histórico de los hechos dramáticos que van a seguir. Arguedas nos habla de un tiempo en que la ciudad de Puquio y los lugares aledaños eran propiedad de los ayllus, los mismos que después fueron invadidos por los Mistis (gente blanca), quienes se apoderaron de las tierras para la ganadería.


Arguedas narra magistralmente olas preparaciones para la turupukllay, se oyen voces, suenan los wakawak`ras, trompetas que se tocan durante las fiestas. Luego aparece el “misitu”, el toro. El ambiente de la fiesta sube de temperatura y los ánimos se exaltan.

Aparecen los problemas cuando el subprefecto prohíbe por mandato del gobierno central que la fiesta tenga lugar sin la participación de un diestro como se venía haciendo tradicionalmente en puquio.

El pueblo de puquio no está de acuerdo con que se realice la fiesta de la manera como quiere el gobierno central y algunos puquianos que radican en Lima, quienes contratan un torero español. Llega el día de la fiesta taurina, y el pueblo puquiano impone su tradición.

Todas las sangres
(José María Arguedas)
Fermín es el propietario de la mina Apark’ora y esta tratando de explorarla, sin compartir el provecho con una compañía internacional la Wisther.
Fermín Aragón posibilita la entrada del capitalismo en la Villa San Pedro, y cambia los destinos de todos los habitantes de la zona. Bruno Aragón es el señor hacendado tradicional, que siente una gran responsabilidad por la conducta y la salvación de sus colonos indios. Se opone a la ambición y al deseo de lucro que dirigen las acciones de su hermano.

Bruno está convencido de que la ambición convierte a los hombres en seres egoístas, le hace olvidarse de los demás y terminan perdiendo su alma. Por esa razón evita a toda costa que los colonos indios sientan tentación por el dinero. Demetrio Rendón Willka simboliza la alternativa india para resolver los problemas de la sociedad.
En Rendón Willka se halla imbuida la idea de Arguedas de que el indígena es un ser con dignidad, capaz de ser un elemento productivo en la transformación del país.

Rendón Willka es el “ex indio”, ósea el nativo transcultado, que ha perdido parte de su herencia cultural, pero que ha conservado sus valores tradicionales mas valiosos. Rendón Willka encarna la fraternidad entre todos los hombres, y la posibilidad de integración y liberación.
La trama de la obra consiste en lo siguiente:
Fermín explota la mina Apak’ora con la ayuda de 500 colonos indios enviados por su hermano bruno. Así mismo trata de obligar a los señores antiguos de san pedro a que le vendan sus tierras de “la esmeralda”. Compra con sobornos a algunas personas dentro del grupo para que denuncien los planes de su vecinos, los antiguos propietarios se traicionan entre si, y para completar la situación caótica del pueblo, los indios de Lahuaymarca se niegan a trabajar sin sueldo, y abandonan el cabildo del pueblo ante la indignación de los señores. Fermín descubre un manto de plata muy grande dentro de la mina, y el ingeniero trata de menoscabar la posición de su patrón.

Cabrejos es un agente secreto de la compañía de wisther, y su misión es de crear dificultades a Fermín, para que el trabajo en la venta de plata se retrase, y el dueño de los yacimientos se vea obligado a venderlos a la compañía. Utiliza la ayuda del mestizo Gregorio, quien planea una estrategia. Se sirve de las creencias indígenas sobre una serpiente gigantesca, el AMARU o espíritu de la montaña, y pretende ser esa serpiente que habita dentro de los socavones del depósito minero.

Grita y asusta a los indios, creyendo que huirían de la mina, pero los colonos nativos les dan una sorpresa a Gregorio y al ingeniero Cabrejos, pues se quedan trabajando dentro de los túneles mineros venciendo su “temor mítico”. Cuando los nativos cuestionan los mitos porque estos estorban su desarrollo, ya están camino a un cambio cultural, selectivo.

A pesar de este triunfo parcial de Fermín Aragón, la compañía internacional logra comprar a varios miembros del gobierno en Lima, y obliga a Fermín a vender la mina. La compañía consigue una orden judicial que obliga a los señores de san pedro a vender sus tierras de la branza en “La Esmeralda”. Los vecinos se niegan a venderlas, y como protesta queman el pueblo de san pedro y se marchan del lugar en derrota. Son acogidos temporalmente por una de las comunidades indígenas que les ayuda a ajustarse al cambio dignamente.

Entre tanto bruno a tenido su momento de “iluminación” o epifanía después de matar a su amante Felisa (quien había intentado atacar a su nueva pareja), y decide dejar de practicar el sexo pecaminoso, y se une definitivamente a una mestiza, Vicenta , que será el vehiculo para su transformación. Ella espera un hijo suyo, que junto con el niño indio que le va a nacer a Rendón Willka, significan el futuro cambio para la localidad.

Bruno, redimido por el amor, se empieza a acercar a sus colonos y termina ayudando a los comuneros de Paraybamba. Esto lo lleva a enfrentarse con el cholo Cisneros y don Lucas, hacendados abusivos. Cuando llega la compañía Wisther, Bruno se culpa por haber contribuido a la explotación de la mina, y decide purificar el mundo de los que han causado la contaminación. Mata al hacendado Lucas e intenta matar a su hermano Fermín, pero falla.

Es llevado a la cárcel y allí espera saber los resultados de las acciones de Rendón Willka, la tercera opción en la encrucijada, viaja de incógnito, (con el apoyo de don Bruno) y cinvence a los indios de las haciendas de que ellos son fuertes, y que deben levantarse y tomar tales propiedades.

Los nativos se levantan y expulsan a sus antiguos patrones. Rendón Willka es buscado y fusilado por las fuerzas del ejército. Pero el ya a cumplido su misión de despertar la conciencia de sus compañeros de cultura y a dejado abierto el camino para la liberación.

Los ríos profundos
(José María Arguedas)
Narra la entrada de Ernesto y su padre, un abogado de provincias al Cuzco. Allí Ernesto pasa por una experiencia de descubrimiento y toma una posición de defensa de la cultura del mundo indio.

En el segundo capítulo se narran los viajes continuos de Ernesto con su padre de pueblo en pueblo, y su llegada a Abancay. El tercer capítulo nos hace ver la situación de marginación del joven Ernesto y su padre Gabriel y su momento de separación, al quedarse internado en un colegio de Abancay.

El joven Ernesto conoce en el colegio a personas de diferentes razas y de clases sociales contrarias. En el colegio religioso es escenario de los diferentes problemas juveniles.

EL joven Ernesto se siente plenamente lentificado con la problemática social que sufre el pueblo de Abancay, en especial los colonos que eran explotados. En los capítulos VIII, IX y X, se relata la brutal represión del ejército contra las chicheras, y se presenta el ambiente de pugna y hostilidad creciente, tanto en Abancay como en el colegio religioso.

En el capitulo XI se narra la epidemia que se origina entre los colonos; pero lo más alarmante es que amenaza extenderse hasta la ciudad. Los estudiantes del colegio religioso y los pobladores deciden abandonar la ciudad al oír que la epidemia comienza a matar colonos.

El adolescente Ernesto recibe una carta de su padre en donde le dice que vaya a vivir con su tío, el acepta muy gustoso porque sabe que allí estará junto a los indios y los colonos.


El mundo es ancho y ajeno
(Ciro Alegría)
Los indios que integran la comunidad de Rumi, encabezados por el alcalde Rosendo Maqui, se defienden de un déspota hacendado, don Álvaro Amenábar, quien, amparado por jueces corruptos y testigos falsos, quiere arrebatarle sus tierras para expandir su ya inmensa propiedad.

Pero lo que en realidad más apetecía el hacendado era convertir a los comuneros en peones para que laboraran en una mina de su propiedad cercana a Rumi. Las tierras de cultivo tenían para él un valor secundario. Debido a ello la comunidad de Rumi se encuentra permanentemente acechada por el despojo; cuando esto al fin sucede, los comuneros se trasladan a las alturas de Yanañahui, tierras pedregosas y de clima inhóspito, de escasa productividad, pero que al menos les permite mantener viva la comunidad.

No obstante, muchos comuneros huyen en busca de un futuro mejor y se emplean en diversas partes del Perú, viviendo experiencias muy duras y hasta fatídicas. Varios capítulos de la obra se dedican a relatar las peripecias de algunos de estos comuneros, como Amadeo Illas, Calixto Páucar, Augusto Maqui, Demetrio Sumallacta y Juan Medrano. Pero las agresiones del hacendado continúan.

Los comuneros, guiados por un abogado indigenista, apelan ante la Corte Superior para recuperar sus tierras, pero el expediente del juicio es robado por hombres contratados por Amenábar y termina en la hoguera. Algunos comuneros se unen a la banda del Fiero Vásquez, famoso ladrón, y se vengan a su manera de la gente de Amenábar.

Rosendo Maqui es acusado de ladrón de ganado, de incitador de la violencia y de dar refugio a bandidos, entre ellos al Fiero Vásquez. El viejo alcalde es encarcelado y muere en su celda tras ser golpeado por los guardias.

Los años transcurren y una nueva perspectiva para la comunidad se abre con la llegada de Benito Castro, un antiguo residente de Rumi, hijo adoptivo de Rosendo, que retornaba tras 16 años de ausencia. Benito, que ha recorrido el país viendo las injusticias, y que además ha aprendido a leer y escribir, trae las ideas de la modernidad a la comunidad, la cual según su punto de vista debía abandonar supersticiones e ideas anticuadas que constreñían su desarrollo, aunque conservando lo mejor de ella, como era la ayuda comunitaria. Es elegido Alcalde y bajo su dirección, la comunidad, con sede en Yanañahui, resurge y empieza a prosperar.
Sin embargo, ante un segundo juicio de linderos interpuesto por el ambicioso Amenábar, los comuneros, por instigación de Benito, se levantan en armas para evitar el despojo.
La sublevación es brutalmente reprimida por la guardia civil, aliada con los caporales de Amenábar y utilizando una ametralladora. La comunidad termina siendo aniquilada.

Resumen de El mundo es ancho y ajeno (extenso)
La Comunidad de Rumi es gobernada sabiamente por el alcalde Rosendo Maqui y los pobladores no pretenden cambiar de alcalde por mucho tiempo. Maqui debe luchar contra el hacendado Álvaro Amenábar que quiere arrebatarle su pueblo con triquiñuelas legales. Los comuneros de Rumi son analfabetos e ignorados por los gobiernos por lo que su lucha contra Amenábar es infructuosa.
Contratan los servicios del abogado Bisckmar Ruiz, pero él no se interesaba por su caso sino que les sacaba todo el dinero que podía para sus borracheras y para engreír a su amante. Poco antes del juicio en el que se decidiría la propiedad de la hacienda de Rumi, suceden tres hechos que dejan desamparados a los comuneros: Primero, un mercachifle que se hace llamar el Mágico Contreras aparece en el pueblo y anota los nombres de todos los que poseen escopetas con la excusa de que quiere comprar una, pero a los pocos días llegan guardias y, con la lista en mano, les arrebatan las escopetas y dejan a los comuneros desarmados e indefensos ante cualquier ataque; Segundo, Bisckmar Ruiz se deja sobornar por Álvaro Amenábar y abandona la defensa de los comuneros; Tercero, el testigo para el juicio, Jacinto Prieto, es llevado a prisión en la víspera del juicio acusado de intento de asesinato en contra de el Zurdo, individuo contratado por Álvaro Amenábar para entrampar a Jacinto Prieto.
Los comuneros deben decidir si quedarse en la comunidad (Álvaro Amenábar les había comunicado que les permitía quedarse en su pueblo si ellos trabajaban para él; lo que en realidad quería no era tierras sino esclavos) o buscar un nuevo lugar donde vivir. En la asamblea deciden escapar y morir de hambre antes que morir de esclavos, así que preparan sus cosas para irse a un nuevo lugar. El único lugar que les quedaba era la puna y, aunque el clima era muy duro, se arriesgaron a mudarse e iniciar una nueva Comunidad, ahora en Yanañahui (Rumi le pertenecía ya a Amenábar).
El día del desalojo, Amenábar queda ofuscado al ver que los indios no le rogaron que les permita quedarse, sino que se iban sin prestarle atención, eso lo humilló hasta hacerlo estallar en ira. Un comunero arroja una piedra desde un cerro y mata a Roque Iñiguez; Álvaro Amenábar contesta sacando una ametralladora y disparando a todo lo que se mueva, por suerte, los comuneros estaban lejos ya.
La vida en Yanañahui era muy dura, una noche hubo tormenta y varios animales murieron y otros escaparon. En la búsqueda de un toro, Rosendo Maqui llega a los establos de Álvaro Amenábar y es llevado a prisión acusado de robo. En la cárcel lo encierran en la misma celda del Fiero Vasquez, un bandolero que era amigo de la comunidad. El Fiero tenía un plan preparado para escapar, pero Rosendo no quiso participar de él por miedo a que tomen represalias contra la comunidad. Cuando el Fiero escapa los guardias le piden explicaciones a Rosendo y como él responde que estuvo durmiendo y no sabe nada de la fuga, lo golpean con las culatas de sus fusiles hasta asesinarlo.
El nuevo alcalde de la Comunidad será Clemente Yacu hasta que regresa de Lima Benito Castro, hijo adoptivo de Rosendo Maqui, que no sabía del final de Rumi y de su padre. Benito Castro será alcalde después de Clemente Yacu y Yanañahui, con su nuevo gobernante, prospera rápidamente y los niños se acostumbran a ella pues no tienen el amargo recuerdo del desalojo, así que los adultos están tranquilos pues saben que las nuevas generaciones tienen un lugar donde vivir. Sin embargo, la sombra del tirano Álvaro Amenábar vuelve a aparecer para arrebatarles su nuevo pueblo. Los comuneros deciden huir nuevamente, tal como lo hicieron en los tiempos de Rosendo Maqui, pero Benito Castro es terminante y pide que luchen para defenderse. Los comuneros dicen que no es necesario derramar sangre, que huyan, que el mundo es ancho. Benito Castro les responde que sí, que el mundo es ancho, "pero ajeno" y lo mismo nos quitarán el nuevo lugar a donde vayamos hasta que defendamos lo que nos pertenece.
Llega el día del desalojo, los comuneros se han armado y Amenábar llega con sus guardias y su maldita ametralladora. Caen comuneros en la balacera, caen guardias también, hasta que Amenábar manda instalar la ametralladora. La novela tiene un final triste: las balas de la ametralladora cobran las vidas de los comuneros que mueren heroicamente en la defensa de su pueblo.

El mundo es ancho y ajeno
(Ciro Alegría)
Los indios que integran la comunidad de Rumi, encabezados por el alcalde Rosendo Maqui, se defienden de un déspota hacendado, don Álvaro Amenábar, quien, amparado por jueces corruptos y testigos falsos, quiere arrebatarle sus tierras para expandir su ya inmensa propiedad.


Pero lo que en realidad más apetecía el hacendado era convertir a los comuneros en peones para que laboraran en una mina de su propiedad cercana a Rumi. Las tierras de cultivo tenían para él un valor secundario. Debido a ello la comunidad de Rumi se encuentra permanentemente acechada por el despojo; cuando esto al fin sucede, los comuneros se trasladan a las alturas de Yanañahui, tierras pedregosas y de clima inhóspito, de escasa productividad, pero que al menos les permite mantener viva la comunidad.

No obstante, muchos comuneros huyen en busca de un futuro mejor y se emplean en diversas partes del Perú, viviendo experiencias muy duras y hasta fatídicas. Varios capítulos de la obra se dedican a relatar las peripecias de algunos de estos comuneros, como Amadeo Illas, Calixto Páucar, Augusto Maqui, Demetrio Sumallacta y Juan Medrano. Pero las agresiones del hacendado continúan.

Los comuneros, guiados por un abogado indigenista, apelan ante la Corte Superior para recuperar sus tierras, pero el expediente del juicio es robado por hombres contratados por Amenábar y termina en la hoguera. Algunos comuneros se unen a la banda del Fiero Vásquez, famoso ladrón, y se vengan a su manera de la gente de Amenábar.

Rosendo Maqui es acusado de ladrón de ganado, de incitador de la violencia y de dar refugio a bandidos, entre ellos al Fiero Vásquez. El viejo alcalde es encarcelado y muere en su celda tras ser golpeado por los guardias.

Los años transcurren y una nueva perspectiva para la comunidad se abre con la llegada de Benito Castro, un antiguo residente de Rumi, hijo adoptivo de Rosendo, que retornaba tras 16 años de ausencia. Benito, que ha recorrido el país viendo las injusticias, y que además ha aprendido a leer y escribir, trae las ideas de la modernidad a la comunidad, la cual según su punto de vista debía abandonar supersticiones e ideas anticuadas que constreñían su desarrollo, aunque conservando lo mejor de ella, como era la ayuda comunitaria. Es elegido Alcalde y bajo su dirección, la comunidad, con sede en Yanañahui, resurge y empieza a prosperar.

Sin embargo, ante un segundo juicio de linderos interpuesto por el ambicioso Amenábar, los comuneros, por instigación de Benito, se levantan en armas para evitar el despojo.

La sublevación es brutalmente reprimida por la guardia civil, aliada con los caporales de Amenábar y utilizando una ametralladora. La comunidad termina siendo aniquilada.


Los perros hambrientos
(Ciro Alegría)
Los perros pastores Wanka, Zambo, Gueso y Pellejo defienden al ganado de los pumas y los abigeos. La pastorcita Antuca, una chiquilla de doce años, ama a su rebaño y a sus perros pastores. Ciro Alegría nos narra la desaparición del perro Gueso que fue robado por los celedonios y la muerte de otros dos perros: “tinto” a dentellada del feroz Raffles y “Mausser” que es volado con dinamita.

Las peripecias van combinándose con las consecuencias de una sequía que, al malograr las cosechas, extiende el hambre. Estas terribles calamidades toman porciones catastróficas. A su vez, los hombres del ande se ven obligados a luchar tan brutalmente que las escenas de violencia se suceden. La situación se agudiza, de tal manera que el hambre de los perros les hace tan feroces que se comen a las reses, a quienes cuidaban.

Todo cambia cuando cae la lluvia sobre la tierra devolviendo su equilibrio a la gente y los perros vuelven a ser los amigos del hombre. Una tarde la niña Antuca se hallo con Mañu. Estaba tirado sobre las piedras. Su colgante lengua tenía un color pálido. Se trataba de un pero que podía esperar la muerte en medio de la soledad. Antuca había crecido junto con los perros.

Ella se olvido del cántaro y el agua. Cuando cayó la noche y escucho la voz de la Juana, que la llamaba, tenía aun las manos puestas cariñosamente entre las hirsutas lanas del cuello del Mañu.

Matalache
(Enrique López Albújar)
En la ciudad de Piura, don Juan Francisco de los Ríos y Zúñiga, es propietario de la fábrica de jabones “La Tina”. La hermosa hija de don Francisco, María luz, llega a la hacienda de su padre procedente de la ciudad de Lima, en forma inesperada. Se queda en la hacienda y como sirvienta le ponen a una vieja esclava Casilda, para que la atienda.
María luz se siente fastidiada y deprimida por el ambiente que respira y por las costumbres de las personas del lugar. Una mañana, José Manuel “Matalache” saludo a la señorita María luz, quien se encontraba en el balcón de su recámara. Ella se interesa por José Manuel y empieza a investigar sobre su persona y su oficio de “Padrillo”.

Una mañana, la hija de don Francisco recorre la fábrica de jabones y cueros en compañía de Matalache y de la esclava Casilda. Al terminar el paseo descubre inesperadamente la “alcoba” de la reproducción. En medio de la inmensa soledad, le viene al recuerdo la imagen del negro mulato. Esto se va tornando una terrible obsesión que el devora el alma a la dulce María luz.

Ocurre lo inesperado: María luz terminan por enamorarse perdidamente de Matalache, este también se enamora de ella. La muchacha enloquecida de amor le confiesa en secreto a su esclava Casilda que está enamorada de José Manuel y le suplica que le prepare una cita amorosa. María luz, haciéndose pasar por Rita, cita a Matalache en la habitación de la esclava y él no se da cuenta de la suplantación porque la habitación esta oscura.

El mulato no desea poseerla sexualmente sino más bien le confiesa que ama a otra. María luz al escuchar esto se emociona y revela su propia identidad. Matalache al enterarse de que es María luz se siente el hombre más feliz de la tierra. Ambos se juntan en cuerpo y alma porque se aman verdaderamente. María luz, al enterarse de que está embarazada, intenta abortar, pero al no lograrlo intenta suicidarse. Toma sustancias de hierbas venenosas.

Don Juan Francisco de los Ríos y Zúñiga al enterarse de lo sucedido se venga de José Manuel, quien es lanzado a una tina hirviente por dos fornidos esclavos. Poco después se cerró la fábrica “La Tina” y se puso en la puerta un letrero que decía: se traspasa, en San Francisco darán razón.

Paco Yunque
(César Vallejo)
Paco Yunque es un niño provinciano, cuyo drama empieza el primer día que va al colegio, lugar que, paradójicamente, se constituye en una suerte de cautiverio, y reflejo de la sociedad desigual peruana.
Paco llega por primera vez a la escuela de mano de su madre y se siente sorprendido al ver a su alrededor a tantos niños que juegan, ríen y saltan. Él que había visto tal cosa, observa entre curioso y llenos de nervios.
Ya en el aula se produce una lamentable confusión porque Paco Fariña y Humberto Grieve pugnaban por decidir con quién se sentaría Paco Yunque. El profesor se ve obligado a intervenir y mandar a Yunque con Fariña. Poco después, Paco y todos sus compañeros son testigos de cómo el profesor comete una gran injusticia al castigar al alumno Antonio Gesdres por haber llegado tarde y no castigar también a Humberto Grieve quien había hecho lo mismo.
Pasado esto el profesor los puso a trabajar y dejo una tarea para que la realizaran de forma individual. Todos trabajaban, menos Humberto, quien en vez de eso, dibujaba peces, muñecos y cuadritos distraídamente.
Al llegar la hora del recreo y después de salir todos del aula, Humberto roba la hoja de examen de Paco Yunque. Así, cuando los niños ingresan y el profesor pide los trabajos para corregirlos, todos entregaron sus pruebas, menos Paco Yunque. Humberto Grieve lo había sustraído y lo había hecho pasar como si fuese suyo.
El profesor sancionó al pobre de Paco por no cumplir con su tarea.
Cuando ingresó el director al salón de clases preguntó al profesor si ya tenía al mejor alumno del aula y el profesor dijo que sí, que era Humberto Grieve, por ser el ganador de la prueba. El director felicitó al niño, inmerecidamente.
Mientras esto sucedía, Paco Yunque con la cabeza gacha solo atinaba a llorar impotente ante la injusticia, mientras que e su amigo Paco Fariña lo consolaba.

El vuelo de los cóndores
(Abraham Valdelomar)
El circo llega a Pisco. Abraham, un niño del lugar se detiene en el muelle para ver a los artistas olvidando la preocupación que causaría en su casa su tardanza. Entre estos, una niña rubia cautiva su atención y su imagen va con él a todas partes.

El día de la función, Abraham y su familia acuden ansiosos y gozan de los primeros números del espectáculo; pero al llegar al “Vuelo de los Cóndores”, cuya estrella es nada menos que la frágil niña, mis Orquídea, sucede algo trágico. Ella cae del trapecio y solo la salva de la muerte, la red.
El Vuelo de los Cóndores no se vuelve a repetir ya más.

Días después Abraham descubre a miss Orquídea sobre una terraza, inválida en su sillón. Se miran, sonríen y así día a día un sentimiento va naciendo entre ellos que solo se manifiesta en dulces miradas y sonrisas. Un día llega lo inevitable, el circo debe partir y con él la dulce miss Orquídea.

Abraham sigue con la mirada “el vapor, que mancha con su cabellera de humo el cielo sangriento del crepúsculo.

La venganza del cóndor 
(Ventura García Calderón)
El capitán Gonzales tenía como sirviente a un humilde indio, a quien castigaba cruelmente con su látigo con puño de oro y un gema de oro por contera, un día el capitán Gonzales tenía que viajar urgente a Huaraz y ordeno de mala manera al sirviente indígena que le ensillara un caballo. El humilde indio fue a cumplir inmediatamente la orden de su abusivo patrón y no regreso nunca. El capitán mando buscar al asustado indio en todo el puerto.

Al no poder localizarlo se marcho solo sin poder ocultar su inmensa cólera. Dos horas después se marcho el capitán Gonzales, el narrador garcía calderón ensillo su mula con la finalidad de proseguir su viaje. García Calderón se encontró en el camino con el indio sirviente que había desaparecido en el puerto., este se ofreció como su guía. Después de recorrer ambos un largo camino de la sierra el humilde indio le dijo que lo esperara, y se fue rápidamente. Transcurrieron los minutos y de pronto sonó en la montaña un poderoso ruido; algo rodó desde lo alto.

Inmediatamente a 15 metros de García Calderón atravesó un majestuoso vuelo oblicuo de cóndores, entonces observo una masa oscura que arrojaba sangre por todos lados y al rodar iba dando botes, haciendo bastante bulla y levantando mucho polvo. Allá abajo devoraban los cóndores a la cosa caída. Al poco rato, apareció el indio sorpresivamente ante los ojos de García Calderón peguntando si había visto rodar el cuerpo del capitán Gonzales desde el precipicio.

El indio explico a García Calderón que a veces los atrevidos cóndores rozan con el ala el hombro de viajero, entonces este rodaba desde lo alto.
García Calderón pensó que tal vez existía un pacto diabólico entre los cóndores y los indios maltratados para vengarse de los abusos excesivos de sus patrones.